Conoce tu comarca

Este blog plasma una idea de Fernando Sebastián Álvaro (Esca). En él se irán incluyendo entradas sobre lugares, tradiciones e historias que no suelen aparecer en otros medios.

Hace unos días, el Señor Otoño nos regaló una de esas mañanas de un cielo tan azul como los de los ojos de la princesa de nuestros sueños, aproveché para hacer  una visita al río Pirón, a un paraje llamado Covatillas. Yo llego a él pasando por el pueblo de Torrreiglesias donde siempre dejo una mirada de admiración al pasar junto a su preciosa iglesia románica de Nuestra Señora de la Asunción, sus metopas de geometrías imposibles son un alarde de un buen hacer y si mucho no me equivoco por unas manos mozárabes.
Cruzando el pueblo con dirección al frontón de pelota y entre la ermita del Humilladero y una nueva edificación, sale un camino de buen firme, entre tierras de labor, que nos llevará a  Covatillas, que está a unos cuatro kilómetros de distancia.

Las tierras de cereal se acaban bruscamente, un muro verde aparece ante nosotros, allí mismo debemos romper con lo cotidiano y dejarnos llevar, camino abajo, simplemente por nuestros sentidos.
 Aunque  la mañana es preciosa está aun todo helado a mi paso, la noche ha sido fría, fría, se alivia un poco el frío con el abrazo caluroso que me dan las encinas por el camino, que me acogen como a un nieto acogen sus abuelos. Siempre cuesta abajo y poquito a poco, según me acerco al valle mis pasos me sumergen en una  historia pasada, creo que algo más esplendorosa que la actual para estos lugares.
Un camino, seguro que lleno de cientos de historias de viajeros, de astutos mercaderes de bolsa repleta y bien guardada, de recelosos ganaderos trasladando sus ganados al mercado, jinetes de briosos corceles, de diligencias con su preciada carga de señoritas de buen ver y adinerados educados caballeros y que a veces se confunden con los que van primeros, y un buen camino que se precie de serlo no puede serlo sin tener un buen bandolero, el Tuerto del Pirón, temible bandolero por estas tierras, cuya reputación se ganó a pulso a mediados del siglo diecinueve:

 Mucho ojo con el Tuerto, / que el que le sigue la pista, / fijo que termina muerto, / que es tuerto de doble vista (…). Tened ojo con el Tuerto, / que es ladrón que nunca avisa, / capaz de robar al cura / el copón diciendo misa (…) Mientras existan tocones, / le van a coger al Tuerto… / ¡Por los cojones!”.
Imagen tomada desde la cueva de la Vaquera, al fondo la ermita rupestre de Santiguito, dice la coplilla: Los moros de Losana/ quien lo creyera/que cambiaron el santo/por la pradera

Covatillas es un despoblado del que solo quedan las ruinas de  una casona con sus establos, unas tenadas y un palomar, no por ello deja de ser un lugar sugerente, atractivo y cargado de historias, continuo mi camino hasta llegar al puente que se encuentra a unos pasos detrás de la tenada.

Cruzando el puente, que en ocasiones es un puente a la fantasía, no se puede evitar una mirada al río, el pequeño Pirón, a pocos pasos, a mano izquierda, entre nogales, encontramos la fuente de Covatillas, un rincón evocador, precioso y preciso momento en el que llego, un velo de aliento de la noche aun tamiza la fuente que con una brisa oportuna se despeja y deja ver los leones que vomitan vida allá por donde pase, el sol, gran alquimista, aparece por encima de la ladera convirtiendo los prados, brillantes como la plata, en verde color esperanza, y deja pequeños brillantes colgados donde se guardan todos los colores del arcoíris, noto que alguien me mira al alejarme, vuelvo la mirada a la fuente pero no veo a nadie, a veces la mente nos la juega pero juraría que alguien me miraba. Dicen que estos parajes están habitados por seres fantásticos pero que no conviven con los humanos adultos, pero perjuraría que cuando he mirado atrás he visto chapotear en la fuente a un ser precioso, creo que les llamaban los muy antiguos Xanas.
Con un pequeño murmullo recorre el pequeño río Pirón este lugar

Continuo mi caminar río arriba hasta llegar a la ermita de Santiaguito, un caminar tranquilo y respetuoso, encerrado un poco en ese paisaje donde el silencio solo se rompe en contadas ocasiones con el rumor del agua al abrirse paso entre los guijarros del cauce, ¡y esos árboles! huecos, viejos, rugosos, que vemos como guardianes a lo largo del cauce del Pirón, dicen que en sus huecos carcomidos por el tiempo se esconden otros seres, las Dríades, aun tan bellas como las Xanas que creí ver en la fuente.
Y dicen también que por la noche, estas rocas que encuentro a mi paso, se transforman en trolls, que guardan y protegen al pequeño río Pirón y llegando el día vuelven a ser rocas, por eso no parecen estar siempre en el mismo lugar y creo que hasta un ruido que he oído sería algún ronquido, ¡dulces sueños!.
Desde Santiaguito busco el paso donde vadear el río y llegar a la cueva de la Vaquera o Fuentedura, hace años que me adentré en sus oscuras galerías y sentí las frías aguas subterráneas de una de sus galerías. La cueva de la Vaquera fue cuna de nuestros antepasados y también su descanso, casi eterno, pues siglos atrás una crecida de aguas subterráneas alteró un poco su descanso eterno, esparciendo sus restos por casi  toda la cueva, después llegaron en nuestro siglo algunas intervenciones arqueológicas.
Muy cerca de allí desemboca en el río Pirón el río Viejo, por un puente de madera cruzo y sigo mi caminar barranco arriba, pretendo llegar a la torca y tal vez hasta el lugar que llaman el rincón de Máximo. Me acompaña en mi caminar mi amiga la Dama Soledad, es de pocas palabras pero da mucho que pensar con su silencio eterno, me asombra siempre la naturaleza con su perfecto equilibrio que consigue con su continua contradicción desde que el planeta existe, en la humanidad seria interesante encontrar nuestro polo opuesto mas que recurrir a la complicidad, esto lo dejo ahí por si alguien me entiende, cosa que no consigo ni yo mismo algunas veces.
A veces, con nuestros pasos despertamos su curiosidad y abren sus grandes ojos las criaturas fantásticas, para después cerrarlos y volver a soñar, ¡bah, un humano!
El río Viejo guarda aun silencio, no quiere despertar al pequeño moro que duerme en su lecho eternamente


Es un rato de paseo este del Rio viejo, pero es agradable y suave, dejo atrás la cueva de los Pedrones, lleva su nombre, pues ahí se refugiaba la banda los Pedrones, unos malvados que atemorizaban a los habitantes de los pueblos de los alrededores, la Cueva el Moro, dentro de ella se encuentra la Cuna del Moro, y en el otro margen otra cueva, la de los Murcielaguillos, protegida con una verja.
La Torca está en la ladera, casi en todo lo alto, es curiosa nuestra naturaleza, hasta extraña a veces, pero siempre sorprendente.
Un rato más de paseo por el valle del río Viejo y llegamos al Rincón de Máximo, (pero eso lo dejamos para otra ocasión) desde donde volveremos a nuestro lugar de partida, no sin antes hacer un recorrido por la pequeña historia del Rincón de Máximo.

La tierra abre sus fauces, algún esqueleto queda de su ultima merienda, pero no temáis hasta que las cierre de nuevo, todavía tenemos otra oportunidad para respetarla



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A LOS QUE GANEN LES HACEN UNA CANCHA DE BALONCESTO, MERECE LA PENA ¿NO?

Quisiera felicitar estas fiestas de Navidad con este villancico de la Coral de Sebúlcor.


No solo es el grupo de Sebúlcor el que recorre estos días algunos escenarios de nuestros pueblos, Veganzones, Cozuelos, Frumales, Adrados, Carrascal del Río, Muñoveros y Sauquillo son otros de los grupos que se formaron dirigidos todos por su alma mater, José Ramón, profesor de música y director de estos coros compuestos por hombres, mujeres, niños y niñas de diferentes edades y generaciones. Le ponen ganas, mucha voluntad, trabajo y empeño y hacen llegar el espíritu navideño estos días a los pueblos segovianos en los que han actuado, que es importante, y no lo hacen pero que nada, nada, mal.




Tal vez el espíritu más importante, es el que ponen los componentes, llevan solamente dos meses de ensayos, un par de horas cada semana. Cada grupo solo tiene un tema, que no son muy de villancicos populares, pero que encantan y emocionan al respetable, por lo que terminada su actuación y después de la ovación, los componentes se sienten más vivos, más protagonistas y orgullosos de aportar con sus voces (para muchos hasta ahora ocultas) algo que tal vez estén descubriendo con la música, que querer es poder y que su tiempo en los ensayos tiene una gratificación muy especial y muy personal en cada uno de ellos. 


Continuarán después de estas fechas de Navidad, con más ensayos, más trabajo, alguna garganta rota, interpretaran otros temas, siempre a cargo de su pertinaz profesor José Ramón. Personalmente les felicito a todos y les deseo continuidad, la música es la lengua universal que une pueblos y destruye la soledad, la monotonía del día a día y, lo más grande de la música, hace emocionar, amansa hasta a las fieras y, como todos sabemos, el que canta su mal espanta.


Feliz Navidad.

Ay jamoncillo que delgado te me estás quedando
y yo me aflijo de solo pensarlo.
Creo que ni para caldo te está quedando.
Ay jamoncillo con el cariño que yo te tenía
y ahora creo que te estoy arrinconando.

Afligido estoy jamoncillo de mis amores y entretelas,
un año de amistad cuando estabas colgado,
 no más que mes y medio compartiendo amor y mesa.
¡Lo poco que dura un amor de verano
y la alegría en casa los pobres!

Y ahora llega nuestra separación.
¡Cuánto te echaré de menos!

Bien picadito en las sopitas de ajo,
haciendo compañía a unos guisantes
o con unas setas de cardo,
que buenas migas hacías con todos

Ay jamoncito que me enternezco  de solo pensarlo,
de los buenos ratos pasados.
Ay jamoncito hermano de bodega aun colgado,
creo que tu turno, te ha tocado.


El domingo pasado me acerqué a las Hoces del Duratón, a visitar al señor Otoño, todos los años por estas fechas aparece por nuestros campos desde hace mucho, mucho, tiempo atrás.
El señor Otoño es un poco huraño, algo cascarrabias, a veces tiene muy mala leche, hay días que nos deja a todos helados de frío, otros empieza a soplar tan fuerte que no deja títere con cabeza o cabeza sin sombrero, los más, empieza a llorar, no sé porqué, y no para, a veces sus lágrimas se hielan un poco y los campos aparecen vestidos de blanca pureza, pero el campo lo agradece, estaba ya muy seco.
El señor Otoño ya es muy viejo, tiene por lo menos mil años, pero a mí no me da  miedo ninguno, tiene su corazoncito de niño, o eso creo yo, y nos regala bellos atardeceres, casi tan largos y suaves como creo que serán sus sedosas barbas blancas. Cuando sopla fuerte les quita las hojas a los árboles y con ellas juega y las coloca por aquí y por allá dejándonos bellos mosaicos en las praderas, a los arroyos también las lleva con su soplo y como barquitos navegan rio abajo, buscando el mar, muchas no llegaran, pero quien sabe que nuevas tierras verán, en el fondo tiene alma de niño, le gusta ver como se mecen en el agua.
El señor Otoño vive solo, duerme mucho y sin compañía, cuando él llega se va el caluroso verano y cuando él se va viene el gélido invierno, no tiene muchos  amigos.
El señor Otoño nos deja un poco tristes y melancólicos, no sé porqué será, o que influjo tendrá. Los campos están mustios pero también sale su corazoncito de niño y como juguetes, en los pinares, y escondidas bajo los barrujos y hierbajos, nos deja multitud de colores, formas y paladares, algunas peligrosas pero bellas todas.
Cuando despierta el señor Otoño un aliento suyo resfría a todas las plantas que por allí estén y las deja heladas, la imagen es bella también, pero… ¡que aliento más frío tiene! 
El señor Otoño es contradictorio como todo en la vida, nos da una de cal y otra de arena, pero yo le aprecio, por sus amaneceres tan blancos llenos de pureza, por sus atardeceres tan rojos llenos de pasión, por esos mosaicos de colores donde pasear, por esos días más calentitos de paseo y por los espejos que nos deja en los caminos cuando llora, donde mirarnos y recordarnos que cada cual tiene su otoño, después del verano y un poco antes del invierno. 




Preparando la ruta y la intendencia la noche anterior a la romería de San Frutos. Unas sopas de ajo y unos vinos entre charla y charla nos dan ánimos.


Salimos de Sebúlcor, nueve y cuarto de la mañana, día plomizo y amenaza de lluvia, este año la romería es en martes y eso se nota, algo menos gente que en años pasados, tenemos por delante unos once kilómetros hasta el destino. ¡Que el tiempo nos acompañe! Las ganas ya las ponemos nosotros.


Esto es Valdearenas, ni que decir tiene el porque de su nombre, el caminar por arenales nos hace ya entrar en calor, llegamos a este lugar después de andar un buen tramo por el camino de La Lastra, el cual dejamos para adentrarnos por senderos entre pinares buscando el río.



Estamos ya junto al río Duratón, en la ermita de la Calleja, donde un mosaico de hojas caídas relajan un poco nuestras piernas, es la parte del recorrido más ameno, entramos en lo mas íntimo de las Hoces del Duratón. Remontaremos el cañón río arriba, el agua del pantano está muy baja, lo que nos permite andar por el cauce seco para poder disfrutar de la magia que encierra este paraje, solo transitable en estas fechas.



Cruzando al otro lado del río. Por el lado que traíamos a pocos metros el agua no nos deja pasar, pero eso ya lo sabemos de otros años, este pedazo de árbol caído aguantará como puente unas cuantas temporadas.


Cueva Rota de Villaseca, hace ya años que entramos en ella, para mi de las más grandes del cañón, con sus tres salas, daría cobijo a antepasados, a saber que historias del pasado esconderá entre sus oscuros recovecos.


 Solo las miradas de los buitres, apostados en sus dormideros, y algún que otro pato asustadizo, son testigos de nuestros pasos entre este espectáculo de la naturaleza. ¡Joder, que grande eres Madre Tierra!




Y entre tanta belleza el hombre pretendió formar parte de ella, a veces lo consigue, pero la naturaleza le pide cuentas y vuelve a apropiarse de lo que fue suyo, sin prisas, un desprendimiento tras otro, una brizna de hierba hoy, mañana una zarza, pasado un árbol, poquito a poco se apropia de lo que un día fue suyo.


Subiendo por una botadera llamada "el Portillo de Sepúlveda", antigua senda de los frailes, abandonamos la ribera del Duratón. Como escenario único, el Convento de la Hoz y bajo un saliente de las peñas, a refugio del viento, alimentamos nuestro cuerpo con jamón, chorizo, filetes empanados y fruta, regado con el vino de la bota, también alimentamos nuestro espíritu con tan espectacular vista del convento a nuestros pies.
Y de nuevo emprendimos camino, pero ya sin sendas, esa zona es la más dura, si asentar un pie sin una piedra debajo ya es difícil, los dos imposible, y aun quedan un par de kilómetros de subidas y bajadas, de barrancos rompepiernas. Ya, a lo lejos, divisábamos nuestro destino.


Llegamos sobre la una menos cuarto, algo cansados pero satisfechos, otros ya lo hicieron muchos años antes que nosotros y nos dejaron el testigo, un testigo que cogimos con mucho orgullo, el orgullo que nos da nuestra tierra, y como emblema San Frutos, ese paraje sobrio en otoño, de verde esperanza en primavera, con veranos áridos como un desierto y que en ocasiones en invierno se viste con la pureza de un vestido de novia, camaleónico paisaje que no deja indiferente a nadie y que cada veinticinco de Octubre se impregna con el espíritu de los que allí nos reunimos haciendo que esa tradición no se pierda. Es un legado que nos dejaron nuestros antepasados, ellos ya hicieron historia en ese lugar, nosotros, como tantos otros, aun la estamos haciendo en la actualidad y pasaremos a ella como tantas generaciones atrás. 


¡VIVA SAN FRUTOS PAJARERO! 




No, no es "Mi querida España", pero creo que va bien con el tema.



Decía la canción, Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra.
Un remordimiento me corroe todo mi ser recordándola, considerando los últimos tiempos que corremos, en que perdimos la tierra y lo que es más grave, la identidad, donde nacimos, donde vivimos, esta tierra que no elegimos para nacer, tampoco su nombre, y a la que creo conquistada, robada, por alguien que o no nació en ella o no nos tiene a los demás nativos como herederos de ella, ni como propietarios de nuestro ser, que eso ya si que es humillante, explotándonos para sus intereses. Una tierra de reyezuelos sin reino, de nobles caducos, de presidentes sin estado, de un pueblo sin tierras, ni lideres honrados.
Continuaba diciendo: De tu santa siesta ahora te despiertan versos de poetas. ¿Dónde están tus ojos? ¿Dónde están tus manos? ¿Dónde tu cabeza?



Ya no quedan poetas, no nos dejan soñar, solo tenemos pesadillas con la hipoteca, en como llegar a fin de mes sin perder el orgullo, en como ocultarnos de nuestros vecinos al ir a Cáritas, como último recurso nos queda colocarnos como mercenarios del poder, ese que corrompe nuestras vidas, que nos humilla como esclavos. Luchas para la formación de tus hijos, gastos y más gastos, para luego servirles en la vida profesional, con mucha suerte, a los de siempre, apenas con los dos sueldos de la pareja llega para pagar tus derechos grabados por ellos en la llamada constitución, te debes prostituir para que se cumpla, eres una pieza más de este sistema caduco, donde solo unos pocos se desarrollan como personas libres sometiendo a las masas. Tienes que ser competitivo, los objetivos se tienen que cumplir, yo me enriquezco, vosotros, esclavos, tenéis que mantener mi estatus social cueste lo que os cueste. Y nosotros, pobres de nosotros, nos prostituiremos día a día, año a año, vida tras vida, para tener un cobijo donde guarecer nuestros remordimientos y pesares, que nos quede algo para comprar el pan nuestro de cada día y de vez en cuando evadirnos unos días de vacaciones para evitar el suicidio carnal pues el espiritual está consumado.
El individuo como ser libre pasa por sus peores momentos, el sistema, la gran colmena, sigue teniendo más individuos, todos quieren ser parte de ella o bien como parte del poder o bien como mercenarios de él, los más, los adoctrinados, simplemente apoyarán y serán cómplices con sus votos de la miseria de muchos.
El hombre de por si es cruel, somos alimañas, depredamos al ser que tenemos por debajo en vez de intentar eliminar a nuestros depredadores, y es que, claro está, mientras tu estés más abajo, más arriba estaré yo. Esto ha sido siempre y siempre será bajo la capa del cielo, y un topicazo que no soporto (si no soy yo será otro), cambiemos por favor, este camino lleva a la destrucción y el caos, pero lo que corroe mis entrañas es una pregunta que me hago a menudo: ¿Quien es mi dueño y señor? Me horroriza saberlo tanto como ignorarlo.



Último verso:
Mi querida España 
Esta España en dudas, 
Esta España cierta 
De las alas quietas 
De las vendas negras 
Sobre carne abierta 
¿Quién pasó tu hambre? 
¿Quién bebió tu sangre 
Cuando estabas seca?

Siempre como siempre, los de siempre, Cecilia.

Mi querida España esta España mía, esta España nuestra, ay, ay. 

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SALUDOS, ESCA.



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