Conoce tu comarca

Este blog plasma una idea de Fernando Sebastián Álvaro (Esca). En el se irán incluyendo entradas sobre lugares, tradiciones e historias que no suelen aparecer en otros medios.

Aquella mañana, al llegar a la cuadra a atender a su ganado, su burro estaba de cuerpo presente. Esto es un decir, los burros dicen que no tienen alma, no se si por burros o por que no comulgan, el caso es que el burro estaba muerto y por estos lares, muerto el burro la cebada al rabo. Con la ayuda de unos vecinos lo llevaron al muladar, no sin esfuerzo, para que los buitres hicieran lo propio con el ,osease darse un festín, por que aunque viejo estaba gordito el jodio. Pero este señor tuvo la brillante idea de aprovecharse del difunto para intentar coger un buitre, sabe dios con que intenciones, abrió el burro por el vientre, saco todos sus metros y metros de tripas y demás órganos y pequeño él, se metió en esa cavidad maloliente y así, oculto, esperó a que los buitres llegaran a comerse el cadáver de su compañero de fatigas. Pasó más de una hora hasta que vio aproximarse a los comensales. En el mundo de los buitres hay jerarquías a la hora de empezar a comer y el primero que se aproximó fue un macho de muy buena talla y el tío Rosco, que así se llamaba el buen señor, le echó mano, sujetándolo tan fuerte como podía por las patas. El buitre, asustado y viéndose atrapado, empezó a aletear buscando cielo y libertad y el tío Rosco no soltaba ni pa tras y menos a esa cierta altura que le elevó semejante bicho. En estas pasaron las horas hasta hacerse la noche, cada cual con su desesperación, era ya cuestión de honor y de poder a poder, y dicen los de los pueblos cercanos, Sebúlcor, Valdesimonte, Consuegra, Sepúlveda, Urueñas, ... que en el cielo se veían unas siluetas con la luz de la luna y se oían unos lamentos que decían:

“Estrellitas del alba, lucero del amanecer,
el tío Rosco del Villar esta noche la va a joder”.


Gracias a Félix de Frutos por contármelo.

Era muy burro, bastante cabezota, tiraba coces, rebuznaba lo suyo, cagaba moñigas, en fin, casi como una persona.

–Señores pasajeros, abróchense los cinturones que vamos a despegar. –

Un escalofrió le recorrió todo el cuerpo, la emoción le invadió y una lágrima furtiva recorrió esas arrugas de su mejilla, de esa cara ya tan curtida que apenas quedaba sitio para una más. Si, era la primera vez que volaba pero su emoción no era por ese motivo, hace ya años también unas lagrimas recorrieron sus mejillas, pero estas eran tersas y sonrosadas, aquella vez, ya tan lejana en el tiempo pero a la vez tan presente en su recuerdos, sus padres le despedían desde esa parada del coche de línea de su pueblo, de donde partió esa madrugada en busca, no de aventuras de jovenzuelo, sino de un futuro, pues en el pueblo el futuro era incierto. Esa imagen no se le olvidó, sus padres, uno junto al otro donde un brazo de su padre consolaba a su madre y con el otro, agitándolo muy enérgicamente, le decía adiós y se tragaba sus lágrimas de hombre rudo de pueblo como podía. No les volvió a ver, dios santo, primero su madre murió y a los pocos años su padre, ese hombre nacido de la tierra y para ella. Si que tuvo telegramas pero ni a honrarlos pudo regresar.
Fueron años de penurias donde la vida lo arrinconó y se olvidó de que estaba allí. El océano es inmenso y el viaje en barco largo, donde las contradicciones se sopesaban, por un lado, dejar su hogar, por el otro, esas ganas de comerse el mundo y fue el mundo el que casi se lo come a él, pero un golpe de suerte le dio esta oportunidad de volver y, tal vez, quedarse en su pueblo natal para siempre. Fue su sueño durante muchos años y a sus sesenta años el destino ya no daba sorpresas.

– ¡Joder que recuerdos de mi pueblo, pasé en el dieciocho años pero que dieciocho años! –

Intensos como el olor de la hierva por la mañana, como los almendros en floración o el cocido de puchero al mediodía. Excitantes como esa primera vez que vas a segar con las primeras luces del amanecer, como la primera vez que tu padre te monta en la mula, tiernos como las propinas de tu abuela, emocionantes como el primer baile con esa chica en fiestas de camisa blanca. Clara se llamaba la chica, eso nunca se olvida.
Su pueblo, como todos, estaba en mitad del campo, como iba a ser si no, un arroyuelo lleno de cangrejos, ranas, berros y mosquitos lo cruzaba, en las afueras los chopos crecían a su alrededor, el mejor lugar de juegos y fantasías para un chaval en verano. Iban a coger ranas, se quitaban esas zapatillas y a por ellas.

– Pero Juan, ¿no has visto saltar esa gorda?–
– Siii, voy por ella, la tengo, la tengo – Y cuando la sacó del barro – ¡Ah una culebra! –

Y echaron todos a correr descalzos por entre los cardos como alma que lleva el diablo, el miedo es libre.
Pero siempre llevaban algo a casa, cangrejos, ranas, pájaros y, alguna vez que otra, los pantalones rotos y entonces la zapatilla de su madre les calentaba el culo, pero claro, chulillo que es uno,

– ¡no me ha dolido, no me ha dolido! – El palo de la escoba era mas serio.
– Señor, señor, ¿desea algo especial para comer?–
– No, gracias, cualquier cosa señorita. Creo que me he dormido y he perdido la noción del tiempo. ¿Me podría decir cuanto nos queda?–
– Estamos sobrevolando el atlántico desde hace cuatro horas, nos quedan aproximadamente otras cuatro.–
– Gracias.–

A esa comida le faltaban sabores, pero bueno, confortó su estomago que estaba un poco inquieto. Desde su partida del pueblo sus comidas fueron muy diferentes a las de su juventud, ansiaba probar de nuevo esas comidas a su llegada al pueblo. No es que sobrara en aquellos años, pero no faltó un buen potaje, o unas lentejas con ese espinazo del cerdo de la matanza, ¡que días esos de la matanza! Los dos últimos años su padre ya le enseñaba a estazar el cochino y veía como le miraba orgulloso al verle con el cuchillo.

– A veces me pregunto, si no me hubiera marchado ¿como me habría ido en el pueblo? Dejé solos a mis padres y por carta tenía contacto con ellos, pero me ocultaban su dolor por mi marcha.–

¡Cuantos años han pasado intentando volver! Pero el destino nos deslumbra de jóvenes y nos martiriza de mayores y casi sin darse cuenta su vida se le escapaba entre recuerdos y más recuerdos. Pero, ¿que futuro hubiera tenido en el pueblo?, la maquinaria se imponía y dejaba a las gentes sin esos jornales que tapaban los rotos del estomago. Aunque el destino tampoco fue muy complaciente con él en el extranjero, trabajo y más trabajo por un salario, si, hizo las américas, la tierra de las oportunidades, pero sus oportunidades no llegaron y que años más duros los primeros. Su juventud se fue al bajar del barco, si, se arrepintió muchas, muchas veces, añoraba su tierra, sus raíces, su familia, su gente, pero el tiempo pasa y pasa como el viento una y otra vez.

–Señores pasajeros, abróchense los cinturones que vamos a aterrizar. La hora actual en Madrid, España, las ocho treinta de la mañana y la temperatura en el exterior son seis grados sobre cero. Feliz estancia.–

No recordaba ya estos fríos que cortan la cara, aunque de pequeño, con esas nevadas, iba a la escuela con esos pantalones cortos, eran otros tiempos, lo mejor sería coger un taxi hasta el pueblo.
Era un mundo de locos, no sabía ni por donde andaba, viajeros y más viajeros, pasillos y más pasillos. Por fin vio un taxi.

–Si, si, no hay problema mi pueblo estará a unos ciento treinta kilómetros. ¡Dios mío! esto es de locos, coches y más coches, edificios y más edificios, ¡pero si no queda campo!–

Los kilómetros pasan y los edificios van desapareciendo, la sierra central se deja ver con ese manto de nieve en sus cumbres, pero esta no es la sierra que el veía desde su casa.

– Mi casa esta al otro lado, en los campos de cereal, donde la tierra era nuestra vida y la que nos acogía cuando nos la arrebata.–
– Señor este pueblo que usted dice está… –

El corazón le palpitaba rápidamente, por fin reconocía los terrenos, esa colina que veía al fondo era San Nicolás, en lo alto existían las ruinas de una ermita, de niños subían a ellas y se creían caballeros en su castillo. Debajo estaba la fuente del Sapo, de donde arrancaba un arroyo con buenos berros.

– Pare, pare, no entre dentro el pueblo. Quédese por a aquí, quisiera entrar paseando, lentamente. Reencontrarme poco a poco con mi pueblo.
La parada del coche de línea, aun creo ver a mis padres despidiéndome, en esta calle viven el Bonifacio y el Julián ¿que habrá sido de ellos?
La plaza, apenas quedan casas de las de antes, casi todas son nuevas y todo el piso de hormigón, en ese rincón había una olma con poyetes donde nos juntábamos bajo su sombra en verano y a su lado la fuente de los tres caños con su pilón para abrevar al ganado, ¿pero donde la habrán puesto? Como cambian las cosas, claro, yo me llevé la imagen de esos años, recuerdos que no han cambiado durante estos cincuenta años. ¿Y el arroyuelo? Joder, lo habrán entubado, no parece mi pueblo.–

Recorriendo esa calle se llegaba a la iglesia y junto a la iglesia el cementerio era su primera visita. Honrar a sus padres allí enterrados y dejarlos ese ramo de flores en sus tumbas. En las calles nadie, entre los visillos de una ventana creyó ver alguien mirándolo.

– ¡Dios mío! Cuantas casas nuevas y con tanto orden y concierto y no se ve ni un alma, serán casas para el verano pero han destrozado el mejor parque de juegos, las eras; el ganado por San Isidro, los primeros pastos y en verano el fruto del sudor de todo un año amontonado, cada cual en su sitio, legado de sus mayores generación tras generación. Esta calle la recorríamos en un plis plas y hoy se me hace agonizante.
La llave del cementerio, donde siempre, hay cosas que no cambian nunca. Tumbas y más tumbas y poquitas sin cuidar, joder, se murió el tío Fermín y este de al lado, su hijo, Mario, amigo mío de tropelías. ¡Madre mía! El tiempo no perdona. ¿Y estas tumbas tan desastradas?–

Una lágrima adulta seguida de un juvenil llanto afloró de su corazón, sus padres estaban allí, una tumba junto a la otra, como siempre en su vida, uno junto al otro, apoyándose siempre en sus pesares. Como un relámpago, un pensamiento le vino a su mente y cayendo de rodillas ante sus tumbas y rompiendo a llorar como un niño:

– Perdonadme, por Dios. Vuestro mayor pesar fue dejaros solos. Perdonarme, por Dios, esa juventud me traicionó–

En un instante sus recuerdos junto a ellos le pasaron por su mente y los vio sonrientes, como mirándole con esos ojos de ternura con que solo los padres saben reconfortar a sus hijos.
El tiempo pasó junto a sus tumbas como sin querer, no sabría decir cuanto tiempo, tal vez toda una juventud, unas flores dejaron testimonio de su paso y caminando hacia la puerta echó una mirada antes de cerrarla cuidadosamente. Cerró como para no perturbar su descanso y dejando la llave donde siempre, cabizbajo, retornó sobre sus pasos, no recordando aquella primavera correteando por esas calles, sino con la pesadez de un invierno, el suyo.

– Señores pasajeros abróchense los cinturones vamos a despegar… –





Pasando la mañana del domingo por la ruta de la reconquista.

Esta primavera parece que no quiere asentarse por estas tierras, he pensado esta mañana asomándome por la ventana, tenía idea de ir de ruta en amoto, pero no me gustan mucho las sorpresas así que decido ir bajo cubierta, dirección norte, en busca de las huestes que vienen a reconquistar y repoblar estas tierras la Extremadura Castellana. Lo de Extremadura se dice por que estaban al otro lado o extremo del río Duero, fueron tierras de nadie, las primeras noticias escritas nos dicen que los primeros repobladores cristianos llegaron en el año 937. Por estas tierras de Fuentidueña, Sacramenia ... el encargado de reafirmar estas repoblaciones fue Asur Fernández hacia el año 943.
Paso mis primeros kilómetros por carreteras entre pinares, Fuenterrebollo (1), gentes con recursos y alternativas, atrás en el tiempo quedó un despoblado, Terraña, sobre un pequeño otero y junto a la fuente de Cubo Terraña, en el camino que lleva a Fuente el Olmo, pero esa ya es historia pasada, anterior a esta reconquista o colonización.

Continuo mi camino hacia Navalilla (2), pequeño pueblo, paso de largo, cosa que no hicieron los romanos en su momento donde un pequeño asentamiento delata su paso, muchos pueblos como este tienen su origen en pequeñas villas romanas, en la repoblación los colonos encontrarían estos terrenos tan aptos para su cultivo como sus antecesores los romanos.
Desde Navalilla nos sale una carretera en dirección al Burguillo (3), parece que a este pueblo tampoco ha llegado la repoblación. En su termino se encuentra La Mesilla, antiguo asentamiento de La Edad del Bronce (Cogotas I) en las Hoces del Duratón, diseminados por todas las hoces se encuentran pequeños castros como este, algunos de estos no se abandonarían en tiempos de contiendas contra los moros.

Sigo mi ruta camino de Carrascal del Río (4), en el cruce de caminos que lleva al Valle de Tabladillo me encuentro en lo alto de un pequeño cerrete restos de una pequeña atalaya o castillo, es un punto estratégico, allí confluyen dos vías de penetración hacia el interior de estas tierras. Las vías de tránsito seguían los ríos o valles y en ocasiones alguna vía romana, los páramos serían impracticables por falta de caminos y de su abandono durante siglos.

Siguiendo el río Duratón, aguas abajo, llego a Carrascal del Río, tienen un molino junto al río, ya en desuso, y dos barrancos preciosos para senderismo, el Mirador de las Duernas y Valdehornos, en este pasaremos por el despoblado de Horcajo. En la comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña de un total de unas cuarentas aldeas unas dieciocho son despoblados, estas desparecieron quedando aun sus nombres en la memoria oral de los lugareños, Bernuy (San Miguel), Aldeafalcón, San Bernardo, San Juan, Santa Ana (Sacramenia), Serranilla, Valcabado, Santa Cruz (Fuentidueña), son algunas de ellas.
Seguiré mi camino rió arriba, a pocos kilómetros me encuentro con Cobos de Fuentidueña (5), aun muy despoblado y es que el medio donde se encuentra no da para más, en lo alto del pueblo y rodeada de bodegas, la ermita de San Benito y su fuente como no podía ser menos la Fuente de San Benito, sobre estos terrenos vestigios aun más antiguos y desde allí veremos junto a la ribera del río la iglesia románica de San Julián Mártir. No lejos de allí, dentro de su término y en el otro margen del río, se encuentra Habuba, antiguo asentamiento romano con testimonios de más antiguos asentamientos de épocas anteriores, una cosa común que define estas poblaciones o asentamientos son sus fuentes, lógica aplastante, el agua es vida.

Me dirijo a Bernuy o San Miguel de Bernuy (6), en la entrada a este pueblo, junto al frontón actual restos de los antiguos moradores de estas tierras (¿Vacceos, Arévacos?) lugar de frontera entre estos pueblos íberos. Restos de un puente que uniría las dos riveras, este se encontraba aguas arriba del actual, sobre el promontorio por encima del pueblo actual los restos de un castro y de dos románicas, los San Martines y los San Pedros, también antiguo asentamiento (¿Vacceos, Arévacos?). Desde allí en la otra rivera del río veremos las ruinas de la Virgen del Río cuyos restos se encuentran en una ermita de reciente construcción en la entrada del pueblo por el camino que veníamos. Su iglesia románica muy trasformada posteriormente. San Miguel de Bermuy fue un cruce de caminos y sigue siendo casi paso obligado por esta zona del Duratón.

Continuo aguas arriba hasta los Valles de Fuentidueña (7) donde la torre de su iglesia parece ser una atalaya. Por un camino que sale de frente al pueblo, hacia la derecha, se encuentra el pantano de la Serranilla, lleva el nombre de un antiguo despoblado que allí existía y apenas a quinientos metros del pueblo pasaremos cerca de un yacimiento muy importante de fósiles, pero eso para otro momento, nos queda muy lejos de la reconquista y repoblación de estas tierras.
Continuo por entre valles antiguos, senderos en un principio, luego caminos y ahora carreteras, poco no me equivocaré diciendo que poco habrá variado el trayecto desde tiempos muy, muy lejanos, y río arriba me encuentro a pocos kilómetros con Fuentidueña (8), dios mio que ruina, el hospital de la Magdalena, el templo románico de San Martín, con sus otras parroquias en los arrabales, Santa Cruz con su fuente del mismo nombre, Valcabado, antiguos despoblados, el convento de San Francisco y otras más desaparecidas, dicen que en total eran unas diez parroquias. Sobre los muros de sus casas restos de románico, blasones, sillerías de antiguas construcciones y ese castillo con esas murallas, pero este no era de la reconquista fue posterior. Aun quedan en pie la Capilla del Palacio de los Condes de Montijo, recientemente rehabilitada, la bella iglesia románica de San Miguel y en los arrabales, la iglesia de Santa María del Arrabal y restos y restos de un pasado esplendoroso, más destructor que las guerras es el abandono. El desaparecido templo de San Martín es el emblema de la vergüenza nacional, en nombre de la cultura de dos estados el español y el americano, un 13 de Febrero de 1958 un total de 3300 piezas pertenecientes al ábside llegaban al puerto de Nueva York, a cambio, los americanos devolvían unas pinturas de San Baudelio para el museo del Prado, vaya usted a saber como consiguieron estas también.

Y por ese puente de seis ojos, un poco triste por lo que vi, cruzo el río y por la carretera que nos sale enfrente me dirijo hacia la ermita de San Vicente de Pospozuelo (9), románica, asentada también sobre un despoblado que llevaba su nombre, de aquí a Pecharromán (10), donde su iglesia, también románica, nos relajará del camino allí sentados en ese patio-frontón de pelota.
Salgo de este pueblo dirección Sagrados Muros o lo que es lo mismo, Sacramenia (11). Antes de llegar nos encontraremos con la ermita Cardaba de lo mas antiguo en románico segoviano, ya desde allí a pocos pasos estaremos en Sacramenia y en todo lo alto como coronando Sacramenia los restos de la ermita de San Miguel. Para subir a ella, junto al cementerio a mano derecha, un camino nos llevará a sus proximidades, desde allí veremos a nuestros pies las iglesias de Santa Marina y San Martín, románicas ellas con preciosos frescos y otra con una esplendida pila bautismal en su interior. La repoblación por estos lares llegó muy pronto, la primera la desmantelo Almanzor con una campaña dirigida contra Sacramenia en el año 983, la segunda, ya definitiva, fue en el 1009. Algo muy importante para los colonos eran sus creencias religiosas, duros años de trabajo en tierras sin cultivar desde siglos, roturar estas, hacer hogares, caminos, hacer todo de nuevo de la nada, algo les motivaba su religión de eso tantas ermitas y templos jalonan estos valles, era necesidad estar socorridos y alentados por su dios.

Desde Sacramenia parte un carreterilla preciosa en dirección a Valtiendas, de la cual nos desviaremos por otra que nos sale a mano izquierda y que nos lleva a lo mas anónimo de nuestra provincia el coto de Santa María. Escondido en ese pequeño rincón de nuestra tierra el monasterio de Santa María, por ella también pasaron los americanos y la desidia llevándose el claustro y la sala capitular, lo que queda, privado, visitas los miércoles, pero podéis acercaros por allí y contemplar este sobresaliente monasterio, merece la pena, no os defraudará.
Vuelvo por mis pasos hasta Sacramenia y en un cruce de caminos me dirijo a Covas, actual Cuevas de Provanco (12). El camino me aleja del valle y me remonta hasta la paramera de cultivos de cereal para después de unas leguas adentrarme en el valle del río Botigas. Bello valle guardado por lomas donde las viejas raíces de la vid dan el fruto que anima a los colonos repobladores de estas duras tierras a continuar con su repoblación. Es domingo, las gentes, al toque de campanas, acuden a la iglesia entre callejuelas empinadas horadadas con sus bodegas para guardar el fruto de esas viejas raíces, para algunos con esfuerzo acostumbrado, para otros más liviano por ser cuesta abajo, los hombres a las puertas de la iglesia esperan los últimos toques de campana para entrar, las mujeres entran según van llegando, me quedo un rato con ellos de charleta, la memoria de los moros está presente aun, que si la cueva el moro, que ese de arriba era su castillo, que si existía una ermita, San Adrián. Mientras hacen los oficios me doy un garbeo por sus callejuelas, sobre esa ladera que se desparraman sus casas, casas muchas en ruina, vuelve de nuevo la despoblación, estas gentes parecen ser nacidos de un terrón de tierra fertilizado por una tormenta providencial de primavera no abandonan sus tierras y eso les honra, gentes mayores en su mayoría. Me acerco a la panadería, pues me choca mucho un pueblo tan pequeño y con panadería aun, y a allí conozco a su panadero, Julián Francisco de toda la vida, sesenta un tacos e historias para contar de siglos ¡que sabia es la madurez! Echamos la cuenta de las panaderías que quedan por el contorno, Fuentesauco, Sacramenia, Cozuelos, Fuentesoto, Cantalejo tiene tres. Ya quedamos pocos, me dice, a esta le quedan cuatro años para cerrar. Y seguimos charlando y me cuenta lo de la tarja y que su horno antes era de adobe y que lo cambió por este de escopeta.
-¿Y eso que es?- digo yo.
-Pues esto..., por esta puerta se prende y se echa la leña y calienta la bóveda y por esta otra puerta se mete el pan, el cual tiene el calor pero no le da la llama, y que buenos lechazos salen de aquí.-
-¿Pero serán churros?-
-Pues claro, todavía quedan por estas laderas.-
Después de despedirnos varias veces pues no acabábamos de sacar temas de conversación cuando me iba acercando al coche para marchar me encontré con Florencio, amiguete mio, con un montón de sarmientos cargados en la carretilla, los sarmientos o mostelas son los tallos ya secos de la vid que se podan y dejándolos secar son de lo mejorcito para hacer chuletas a la parrilla.
-Pues voy a encender la gloria de la casa de mi madre.
-Pues me voy contigo.
Una gloria son ya inventos romanos que utilizaban en las termas, pero aun resisten por estos pueblos. Este gran invento consta de unos conductos por debajo del pavimento, hechos generalmente de ladrillos que soporten el calor, repartidos por diferentes estancias de la casa, tiene una boca donde se echa la leña, cualquier tipo de leña, y una chimenea que lleva el humo al tejado, una vez encendido se cierra para que cree ascuas, suele mantener caliente la casa de un día para otro con muy poquita leña. y con esas me fui para su casa dejando atrás la reconquista.
Han pasado ya diez siglos y aun creo ver a sus colonos ya castellanos, pues viven en Castilla, pero venidos de la Rioja, Asturias, Navarra. Introdujeron en nuestra tierra sus costumbres, ritos, tradiciones, juegos, los nombres de nuestros pueblos, llevamos sus apellidos... y es que Castilla es tierra de diversidad cultural e incluso me atrevería a decir que de un pueblo a otro sus raíces son diferentes aun estando cercanas en espacio y tan alejadas en el tiempo cultural de donde partieron.


(1), (2), (3), (4), (5), (6), (7), (8), (8), (10), (11), (12), Señalizados en el mapa.

Hace ya algunos años, de joven, conocí las labores del campo, esa tierra nuestra, desagradecida a veces, pero cuya cosecha es siempre bienvenida. Llegué en su momento, entre otras cosas, a sacar patatas ayudado por una pareja de machos cuidados con el rigor y el trato que merecían, no se podían desatender, eran como algo más formando parte de la casa y pertenecientes a ella, con nombres propios, el Siete Monedas, el Altanero... El trío o cuarteto se complementaba con el compañero y amigo fiel, el perro, pasaron unos cuantos por casa, el Rubio, el Tony, el Turco, el Sandro, todos ellos llorados en su muerte. Recuerdo esas tardes en el campo ayudando en lo que se podía, patatas pequeñas a un lado y patatas grandes a otro, todo era producto de una labor, de un esfuerzo, de un entendimiento de la tierra que sentíamos a nuestros pies. El abandono de las tierras llegó para mi buscando otro futuro, allí quedaron los que innovaron en maquinaria.
Un día que recuerdo en la memoria es de San Isidro, día grande en el medio rural. Durante todo el invierno se respetaban los prados y ese día se soltaba el ganado a pastar por ellos. El equilibrio del hombre del campo con sus ganados y su tierra era perfecto, existía respeto, convivencia, un vinculo muy especial con la madre naturaleza, esos hombres realmente eran hijos de ella, nacidos de un terrón de tierra fecundado por una tormenta providencial de primavera. A ellos o sus descendientes actuales, a vosotros, súbditos ignorados, sometidos siglo tras siglo de guerras perdidas contra aves de rapiña, heladas, sequías y usurpadores, cambiad las armas, dejad los arados, desconfiad de todo pájaro que se acerque a vuestros sembrados y de cualquier lobo con patas de cordero que ronde vuestro ganado. Tampoco pongáis a la zorra al cuidado de las gallinas, que aunque cordero parezca se pintan sus patas de blanca harina, como en el cuento. A vosotros, pastores de laderas, de esos que visteis antes el antifaz de una churra que la cara a vuestro padre, no empleéis vuestras cayadas en las churras, más bien emplearlas en depredadores que merodean vuestros rebaños robándoos ilusiones y plato de comida en vuestra mesa. Y, sobre todo, buscar el equilibrio con vuestra madre la Tierra, no la sobreexplotéis, el futuro está ahí, el vuestro, el de vuestros hijos, el mio, el de mis hijos, el de todos.


¡VIVA SAN ISIDRO!

La Semana Santa comenzaba para mi en Cantalejo, procesión de Jueves Santo, como tantos, los más como mero espectador. Los quintos del pasado año dejaron su lugar a los de este año, este era su primer papel.








VIERNES SANTO POR LA MAÑANA






Esta es la plaza de Torrecilla del Pinar, algo diferente a lo habitual.







Y esta, su ermita románica, dedicada, como no iba a ser menos, a la Virgen del Pinar, y esto del Pinar no es gratuito, desde donde está ubicada esta ermita, en lo alto de esa pequeña colina, la vista se pierde entre un mar de pinares a su alrededor.





Dos personajes de una semana santa, Barrabás y creo que un apóstol, no me paré a preguntar, no se si por miedo a Barrabás o al apóstol.






La pasión viviente comienza.







Este señor, su nombre Pablo será por hoy el protagonista, tiene el papel de Jesús, la imagen es de un momento de la Santa Cena, la cual se hace dentro de la iglesia donde me encuentro con una representación gótica de la pasión, preciosa por cierto.






Continuamos la pasión.








La oración en el monte de los olivos.








El prendimiento de Jesús.








La libertad, para Barrabás y para Jesús, una cruz. Me suena esta justicia ¿donde la he visto o creído ver últimamente?






Y empieza, con la cruz a cuestas, el camino del Via Crucis por el pueblo en dirección al Calvario que se encuentra en las afueras del casco urbano en una pequeña colina. Esto promete, es como la vida misma, cada cual que soporte su cruz, pero esto se ve diferente cuando alguien la lleva por todos, es una liberación, hasta parece la gente mas animada.

Una de las caídas en la representación, no se, me cuesta imaginar en la historia cualquiera de estos momentos, me retrotraigo como en una máquina del tiempo y miro a ese pueblo increpándole, insultándole y pienso que están tan a gusto con el imperialismo y opresión romanos que la verdad estorba, que duele cuando se dice en público, que es mejor que otros piensen por ti, que el pueblo llano no está ni preparado para gobernar ni siquiera para ser libre y gobernarse a si mismo. ¡Si! Está mejor crucificado, la verdad ofende. Me suena esto último creo que sigue vigente en nuestros días.
Por fin, el monte Gólgota, cuando se ve a lo lejos algo por dentro te invade, sabes que esto terminará pronto, total, ya no dice nada de lo agotado que está, ya no se considera peligroso. ¿Peligroso digo? No robó, no asesinó, no violó, ¿solo por hablar le crucifican? Si es que no hay mayor peligro y más ofensivo que ese medio de comunicación, y más si se dicen cuatro verdades como templos. Pero el pueblo, ese pueblo que él defendió pasivo, hizo oídos sordos, crucificarlo. Si eres amigo de la verdad puedes seguir el mismo camino, la crucifixión, en fin, si te callas también. ¡Que poco ha cambiado la historia!

Y allí le ajusticiaron junto a otros delincuentes para que no se notara que fue diferente y que quien se mueve no sale en la foto. Pero en este caso si salió en la foto y después de más de dos mil años aun sigue saliendo y recordándonos, mediante estas representaciones, que el sacrificio de una persona no sirve absolutamente de nada. El hombre, ese lobo de sí mismo, necesita sacrificios de los de su género, en todas las culturas, en todas religiones, en todas las eras de nuestra historia, como queriendo rendir cuentas al planeta o al mundo por ser como somos y aun estas representaciones de sacrificio ya en el siglo XXI no me dejan indiferente. ¿Qué nos tortura en nuestro interior? ¿Qué memes tenemos grabados?












Y el Viernes Santo por la mañana pasó en Torrecilla del Pinar viviendo esta representación de la Pasión de Cristo, donde los asistentes, terminada esta y camino a casa, pensarían en lo trascendental algunos, y otros lo cotidiana que es la vida.


















NOCHE DEL VIERNES SANTO

Las noches de viernes santo en Turégano son diferentes, son mas noches que nunca, más silenciosas, más recogidas en si mismas, parecen no tener amanecer. Sus pasos, lentos, pausados, como no queriendo llegar nunca a su destino, atraviesan la plaza entre el resplandor de pequeñas velas que colocadas por los balcones y aceras se diría que son espíritus que se asoman por esas casas porticadas. Como un poderoso gigante, iluminado sobre el pequeño promontorio, el castillo, donde encerrada en una prisión eterna de piedra se encuentra la iglesia románica de San Miguel. Capas castellanas negras, sobrias y serias llevan las andas del cristo, vestidos cortos con peineta y velo del color del luto como la noche llevan la virgen, ésta dejando a su hijo crucificado en la iglesia de San Miguel regresará esa misma noche al pueblo.




La primavera, poco a poco, se va asentando en las Hoces del Duratón desplazando a este invierno tan "pesado", los atrevidos almendros, como veis, están en parte florecidos, dándonos bellas y efímeras imágenes. Como contrapunto, cerca de ellos, estos tres centenarios nogales siguen con su invierno particular, hace unos poquitos años alguna nuez que otra cogía de estos nogales antes altivos y arrogantes, ahora humillados en tierra por la falta de algún cuidado que otro al igual que los almendros, año tras año los veo más deteriorados, por lo que parece no pueden convivir con la naturaleza autóctona. ¿O se llama dejadez y falta de empeño en sus cuidados y abandono a su suerte? Nos tendremos que ir acostumbrando a perdernos estas imágenes de las laderas tan bellas llenas de almendros en flor en primavera, por otra parte ¿cuanto aguantaremos los protectores de plástico tan antiestéticos en las repoblaciones actuales? Si dejamos a la caprichosa naturaleza a su libre albedrío en el caso de nogales, almendros y demás, ¿por qué la imponemos repoblaciones con nuevos ejemplares de árboles y los protejemos? No entiendo del tema y por lo poco que he visto sobre esa repoblación me hago alguna pregunta que otra como veis. Otra más, tantos árboles de repoblación ¿dejarán pasar la luz suficiente para que tomen el sol las mariposas? Zonas de pradera, que son pocas en la ribera, se convertirán en zona de bosque, me consuela pensar que la naturaleza es sabia y pondrá las cosas en su lugar y tenga yo en este caso razón o no, con lo que decida ella yo estaré totalmente de acuerdo.
¡LÁSTIMA QUE LA NATURALEZA NO PUEDA DECIDIR EN LOS CARGOS!







Con catorce años te conocí, viniste a las fiestas de mi pueblo, Cozuelos de Fuentidueña, con unos primaverales catorce años, el ligoteo surgió, pero ¿quien me iba a mi a decir que después de seis años me casaría con esa niña? Convertida en mujer antes y con tiempo por el embarazo prematuro de nuestro primer hijo, Jorge, después de año y medio un nuevo embarazo, Sergio, una madraza para ellos con sus veintiún años. Me emociona recordar esos primeros años de convivencia abriéndonos un pequeño rincón en esta vida en esa casa de alquiler pasándolas un poco apretadas, la llamábamos, a esa casa, la casa de las siete plagas, el humo de esa estufa cegaba nuestros ojos, los animalillos salían a vernos de sus madrigueras, las hormigas convivían con nosotros, el barro de sus paredes más en en el suelo que en la pared, ¡y ese sobrao! Maduramos los dos y mi Pilonga, chica de capi, superó esos años con la entereza que le dio el amor que me tenía, teníamos nuestras peleas, por supuesto, pero está tan cerca el amor del odio, apenas un atisbo, y lo importante en esos momentos era saber contar, hasta cien algunas veces, en otras ocasiones hasta mil, pero los reencuentros nos hacían reafirmarnos más y más como pareja, si en esta vida existe algo por encima de todo es el amor de pareja, en muchas ocasiones me decías: -tu nunca me has querido- ¿Debido al amor que me procesas? ¿celos? no se ese porque, tal vez mis motivaciones por darte cosas más materiales y abandonar mis sentimientos y no mostrarlos, no lo se. Hoy te digo que después de estos veinticinco años de casados, podrás desojar mil margaritas preguntándoselo, pero todos sus pétalos te dirán que te quiero con locura, que esta vida pasada junto a ti no la comprendo si no es contigo, que ese día que te conocí es lo mejor que me pudo pasar, que desde tu saber estar como mujer, como amiga, como amante y madre de nuestros hijos me siento afortunado y desde aquí, renuevo esos votos que hice en su día delante de un cura, y esta vez no me equivocaré como entonces:

-Yo, Fernando, te quiero a ti, Pilar, y deseo pasar los últimos años junto a ti, ver a nuestros hijos ser felices con nuestros futuros nietos. Intentaré darte los años de otoño e invierno que vivamos lo más agradables que puedan mis fuerzas, porque tu, mi querida y cómplice Pilonga, te mereces más de lo que yo pueda ofrecerte.-


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