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Historias, leyendas y paseos por lugares de la provincia de Segovia.



Son como pequeñas notas de una melodía,juntas la mejor sinfonía que se nos ofrece a quien sabe escucharla

 Esencias de la tierra que se encierran en el recipiente jamas soñado por perfumistas
 Humildes, sin nombre para los mas profanos,la humildad no necesita  nombre,solamente admiración

 Cada pétalo un verso,cada flor una poesía,
 Gama de colores infinitas ,envidia de las paletas de los mas afamados pintores,

 Interiores llenas de vida,delicadas,efímeras,pero eternas    



 Formas dulces en su factura,a veces belleza extravagante,composiciones dignas del mejor artista nunca igualado
por los mejores escultores.






 Son simplemente,recuerdos de un  paraíso perdido.  










                     

                                                                                                                                                     






           




Hace unos días en Cabezuela, una familia fue victima de esta crisis cruel, que se ceba en los más humildes. Dicen las noticias que fue la inhalación de anhídrido carbónico por una estufa de leña la causante de la tragedia, lo llaman también la muerte dulce, hasta su nombre me ofende, me indigna, sobrepasa mis sentidos, la muerte en raras ocasiones es dulce, nada más que para los inhumanos que la consienten. Sobrevivimos al sistema que nos debería proteger, a las injustas leyes establecidas, favorables solo para quien las dicta, y los pobres, los desheredados de nuestra tierra, no tenemos una muerte dulce sino una vida agónica y sometida.

A Adolfo, el padre de familia, lo conocí hace años, era trabajador de la construcción en una pequeña empresa del pueblo, hicimos buenas migas. Canarito, le llamaba yo cariñosamente, pues era grande, tanto como buena persona, trabajador y amable. Más tarde trabajé en su casa, su reino, su sueño, que poco a poco iba levantado como podía, después de cumplir con su horario de trabajo, en fines de semana, buscando tiempo y quitándoselo de su vida familiar. En ella puso mucho esfuerzo y empeño buscando un bienestar para su familia, destrozada ahora por este suceso, recuerdo el día que fui a su casa a ver lo que le tenía que hacer yo, qué de mi oficio requería, la ilusión con que me iba relatando sus avances y que el final de su sueño ya lo tenía cercano.
Una inversión de vida dejó en esa casa, los humildes, si llegamos a tener un refugio donde cobijarnos, es con mucho esfuerzo, los sueldos son miserables, tan miserables que no llegan para combatir el frío invierno de esta tierra segoviana con una calefacción alimentada por energías más seguras solo para ricos e incluso se nos veta el aprovechamiento de leña de los montes de utilidad pública,
 Somos muchos y seremos más las victimas de esta crisis que no es más que un proceso más de selección, antes eramos útiles para sus propósitos, una vez cumplidos esos propósitos y con máquinas que nos sustituyen, dejamos de ser útiles. Sobramos los pobres, a los que queden, simplemente los seguirán utilizando como sirvientes de sus arrogantes mansiones y egocéntricos caprichos, mano de obra ridícula o para alimentar sus fortunas, compitiendo entre ellos, como si de un juego se tratara, a ver quien atesora la fortuna más grande, sus monopolios no dan oportunidades, son indolentes a estas tragedias y causa directa de ellas, tienen en exceso lo que los demás carecen.

Que el creador  acoja a las victimas y que la historia juzgue a los culpables.

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