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Historias, leyendas y paseos por lugares de la provincia de Segovia.



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Quisiera felicitar estas fiestas de Navidad con este villancico de la Coral de Sebúlcor.


No solo es el grupo de Sebúlcor el que recorre estos días algunos escenarios de nuestros pueblos, Veganzones, Cozuelos, Frumales, Adrados, Carrascal del Río, Muñoveros y Sauquillo son otros de los grupos que se formaron dirigidos todos por su alma mater, José Ramón, profesor de música y director de estos coros compuestos por hombres, mujeres, niños y niñas de diferentes edades y generaciones. Le ponen ganas, mucha voluntad, trabajo y empeño y hacen llegar el espíritu navideño estos días a los pueblos segovianos en los que han actuado, que es importante, y no lo hacen pero que nada, nada, mal.




Tal vez el espíritu más importante, es el que ponen los componentes, llevan solamente dos meses de ensayos, un par de horas cada semana. Cada grupo solo tiene un tema, que no son muy de villancicos populares, pero que encantan y emocionan al respetable, por lo que terminada su actuación y después de la ovación, los componentes se sienten más vivos, más protagonistas y orgullosos de aportar con sus voces (para muchos hasta ahora ocultas) algo que tal vez estén descubriendo con la música, que querer es poder y que su tiempo en los ensayos tiene una gratificación muy especial y muy personal en cada uno de ellos. 


Continuarán después de estas fechas de Navidad, con más ensayos, más trabajo, alguna garganta rota, interpretaran otros temas, siempre a cargo de su pertinaz profesor José Ramón. Personalmente les felicito a todos y les deseo continuidad, la música es la lengua universal que une pueblos y destruye la soledad, la monotonía del día a día y, lo más grande de la música, hace emocionar, amansa hasta a las fieras y, como todos sabemos, el que canta su mal espanta.


Feliz Navidad.

Ay jamoncillo que delgado te me estás quedando
y yo me aflijo de solo pensarlo.
Creo que ni para caldo te está quedando.
Ay jamoncillo con el cariño que yo te tenía
y ahora creo que te estoy arrinconando.

Afligido estoy jamoncillo de mis amores y entretelas,
un año de amistad cuando estabas colgado,
 no más que mes y medio compartiendo amor y mesa.
¡Lo poco que dura un amor de verano
y la alegría en casa los pobres!

Y ahora llega nuestra separación.
¡Cuánto te echaré de menos!

Bien picadito en las sopitas de ajo,
haciendo compañía a unos guisantes
o con unas setas de cardo,
que buenas migas hacías con todos

Ay jamoncito que me enternezco  de solo pensarlo,
de los buenos ratos pasados.
Ay jamoncito hermano de bodega aun colgado,
creo que tu turno, te ha tocado.


El domingo pasado me acerqué a las Hoces del Duratón, a visitar al señor Otoño, todos los años por estas fechas aparece por nuestros campos desde hace mucho, mucho, tiempo atrás.
El señor Otoño es un poco huraño, algo cascarrabias, a veces tiene muy mala leche, hay días que nos deja a todos helados de frío, otros empieza a soplar tan fuerte que no deja títere con cabeza o cabeza sin sombrero, los más, empieza a llorar, no sé porqué, y no para, a veces sus lágrimas se hielan un poco y los campos aparecen vestidos de blanca pureza, pero el campo lo agradece, estaba ya muy seco.
El señor Otoño ya es muy viejo, tiene por lo menos mil años, pero a mí no me da  miedo ninguno, tiene su corazoncito de niño, o eso creo yo, y nos regala bellos atardeceres, casi tan largos y suaves como creo que serán sus sedosas barbas blancas. Cuando sopla fuerte les quita las hojas a los árboles y con ellas juega y las coloca por aquí y por allá dejándonos bellos mosaicos en las praderas, a los arroyos también las lleva con su soplo y como barquitos navegan rio abajo, buscando el mar, muchas no llegaran, pero quien sabe que nuevas tierras verán, en el fondo tiene alma de niño, le gusta ver como se mecen en el agua.
El señor Otoño vive solo, duerme mucho y sin compañía, cuando él llega se va el caluroso verano y cuando él se va viene el gélido invierno, no tiene muchos  amigos.
El señor Otoño nos deja un poco tristes y melancólicos, no sé porqué será, o que influjo tendrá. Los campos están mustios pero también sale su corazoncito de niño y como juguetes, en los pinares, y escondidas bajo los barrujos y hierbajos, nos deja multitud de colores, formas y paladares, algunas peligrosas pero bellas todas.
Cuando despierta el señor Otoño un aliento suyo resfría a todas las plantas que por allí estén y las deja heladas, la imagen es bella también, pero… ¡que aliento más frío tiene! 
El señor Otoño es contradictorio como todo en la vida, nos da una de cal y otra de arena, pero yo le aprecio, por sus amaneceres tan blancos llenos de pureza, por sus atardeceres tan rojos llenos de pasión, por esos mosaicos de colores donde pasear, por esos días más calentitos de paseo y por los espejos que nos deja en los caminos cuando llora, donde mirarnos y recordarnos que cada cual tiene su otoño, después del verano y un poco antes del invierno. 




Preparando la ruta y la intendencia la noche anterior a la romería de San Frutos. Unas sopas de ajo y unos vinos entre charla y charla nos dan ánimos.


Salimos de Sebúlcor, nueve y cuarto de la mañana, día plomizo y amenaza de lluvia, este año la romería es en martes y eso se nota, algo menos gente que en años pasados, tenemos por delante unos once kilómetros hasta el destino. ¡Que el tiempo nos acompañe! Las ganas ya las ponemos nosotros.


Esto es Valdearenas, ni que decir tiene el porque de su nombre, el caminar por arenales nos hace ya entrar en calor, llegamos a este lugar después de andar un buen tramo por el camino de La Lastra, el cual dejamos para adentrarnos por senderos entre pinares buscando el río.



Estamos ya junto al río Duratón, en la ermita de la Calleja, donde un mosaico de hojas caídas relajan un poco nuestras piernas, es la parte del recorrido más ameno, entramos en lo mas íntimo de las Hoces del Duratón. Remontaremos el cañón río arriba, el agua del pantano está muy baja, lo que nos permite andar por el cauce seco para poder disfrutar de la magia que encierra este paraje, solo transitable en estas fechas.



Cruzando al otro lado del río. Por el lado que traíamos a pocos metros el agua no nos deja pasar, pero eso ya lo sabemos de otros años, este pedazo de árbol caído aguantará como puente unas cuantas temporadas.


Cueva Rota de Villaseca, hace ya años que entramos en ella, para mi de las más grandes del cañón, con sus tres salas, daría cobijo a antepasados, a saber que historias del pasado esconderá entre sus oscuros recovecos.


 Solo las miradas de los buitres, apostados en sus dormideros, y algún que otro pato asustadizo, son testigos de nuestros pasos entre este espectáculo de la naturaleza. ¡Joder, que grande eres Madre Tierra!




Y entre tanta belleza el hombre pretendió formar parte de ella, a veces lo consigue, pero la naturaleza le pide cuentas y vuelve a apropiarse de lo que fue suyo, sin prisas, un desprendimiento tras otro, una brizna de hierba hoy, mañana una zarza, pasado un árbol, poquito a poco se apropia de lo que un día fue suyo.


Subiendo por una botadera llamada "el Portillo de Sepúlveda", antigua senda de los frailes, abandonamos la ribera del Duratón. Como escenario único, el Convento de la Hoz y bajo un saliente de las peñas, a refugio del viento, alimentamos nuestro cuerpo con jamón, chorizo, filetes empanados y fruta, regado con el vino de la bota, también alimentamos nuestro espíritu con tan espectacular vista del convento a nuestros pies.
Y de nuevo emprendimos camino, pero ya sin sendas, esa zona es la más dura, si asentar un pie sin una piedra debajo ya es difícil, los dos imposible, y aun quedan un par de kilómetros de subidas y bajadas, de barrancos rompepiernas. Ya, a lo lejos, divisábamos nuestro destino.


Llegamos sobre la una menos cuarto, algo cansados pero satisfechos, otros ya lo hicieron muchos años antes que nosotros y nos dejaron el testigo, un testigo que cogimos con mucho orgullo, el orgullo que nos da nuestra tierra, y como emblema San Frutos, ese paraje sobrio en otoño, de verde esperanza en primavera, con veranos áridos como un desierto y que en ocasiones en invierno se viste con la pureza de un vestido de novia, camaleónico paisaje que no deja indiferente a nadie y que cada veinticinco de Octubre se impregna con el espíritu de los que allí nos reunimos haciendo que esa tradición no se pierda. Es un legado que nos dejaron nuestros antepasados, ellos ya hicieron historia en ese lugar, nosotros, como tantos otros, aun la estamos haciendo en la actualidad y pasaremos a ella como tantas generaciones atrás. 


¡VIVA SAN FRUTOS PAJARERO! 
Algo mas sobre el tema
http://www.conocetucomarca.com/2009/10/romeria-san-frutos-esta-es-mi-tierra-y.html
http://www.conocetucomarca.com/2008/01/sobre-las-mojadas-de-caballar.html
http://www.conocetucomarca.com/2008/11/san-frutos-del-duratn.html



No, no es "Mi querida España", pero creo que va bien con el tema.



Decía la canción, Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra.
Un remordimiento me corroe todo mi ser recordándola, considerando los últimos tiempos que corremos, en que perdimos la tierra y lo que es más grave, la identidad, donde nacimos, donde vivimos, esta tierra que no elegimos para nacer, tampoco su nombre, y a la que creo conquistada, robada, por alguien que o no nació en ella o no nos tiene a los demás nativos como herederos de ella, ni como propietarios de nuestro ser, que eso ya si que es humillante, explotándonos para sus intereses. Una tierra de reyezuelos sin reino, de nobles caducos, de presidentes sin estado, de un pueblo sin tierras, ni lideres honrados.
Continuaba diciendo: De tu santa siesta ahora te despiertan versos de poetas. ¿Dónde están tus ojos? ¿Dónde están tus manos? ¿Dónde tu cabeza?



Ya no quedan poetas, no nos dejan soñar, solo tenemos pesadillas con la hipoteca, en como llegar a fin de mes sin perder el orgullo, en como ocultarnos de nuestros vecinos al ir a Cáritas, como último recurso nos queda colocarnos como mercenarios del poder, ese que corrompe nuestras vidas, que nos humilla como esclavos. Luchas para la formación de tus hijos, gastos y más gastos, para luego servirles en la vida profesional, con mucha suerte, a los de siempre, apenas con los dos sueldos de la pareja llega para pagar tus derechos grabados por ellos en la llamada constitución, te debes prostituir para que se cumpla, eres una pieza más de este sistema caduco, donde solo unos pocos se desarrollan como personas libres sometiendo a las masas. Tienes que ser competitivo, los objetivos se tienen que cumplir, yo me enriquezco, vosotros, esclavos, tenéis que mantener mi estatus social cueste lo que os cueste. Y nosotros, pobres de nosotros, nos prostituiremos día a día, año a año, vida tras vida, para tener un cobijo donde guarecer nuestros remordimientos y pesares, que nos quede algo para comprar el pan nuestro de cada día y de vez en cuando evadirnos unos días de vacaciones para evitar el suicidio carnal pues el espiritual está consumado.
El individuo como ser libre pasa por sus peores momentos, el sistema, la gran colmena, sigue teniendo más individuos, todos quieren ser parte de ella o bien como parte del poder o bien como mercenarios de él, los más, los adoctrinados, simplemente apoyarán y serán cómplices con sus votos de la miseria de muchos.
El hombre de por si es cruel, somos alimañas, depredamos al ser que tenemos por debajo en vez de intentar eliminar a nuestros depredadores, y es que, claro está, mientras tu estés más abajo, más arriba estaré yo. Esto ha sido siempre y siempre será bajo la capa del cielo, y un topicazo que no soporto (si no soy yo será otro), cambiemos por favor, este camino lleva a la destrucción y el caos, pero lo que corroe mis entrañas es una pregunta que me hago a menudo: ¿Quien es mi dueño y señor? Me horroriza saberlo tanto como ignorarlo.



Último verso:
Mi querida España 
Esta España en dudas, 
Esta España cierta 
De las alas quietas 
De las vendas negras 
Sobre carne abierta 
¿Quién pasó tu hambre? 
¿Quién bebió tu sangre 
Cuando estabas seca?

Siempre como siempre, los de siempre, Cecilia.

Mi querida España esta España mía, esta España nuestra, ay, ay. 



¡Antes de leer dale al play!


En un rincón perdido segoviano, entre un monte castellano, casi olvidado, yace un valle, de cuyas profundidades nacen manantiales y de ellos brota el río Sacramenia, que surca el pequeño valle para perderse por esos campos castellanos. Sus aguas buscan el desahogo de su pequeño cauce en el hermano mayor, el río Duratón.

Y de las profundidades de la historia surge la leyenda de un viejo anacoreta, Juan se llamaba, cuya fama de austeridad y buena persona le hicieron santo por esos lares. Después de su muerte, las gentes de la comarca le empezaron a nombrar con el nombre de San Juan de Pan y Agua, dicen que bien ganado su nombre, por su alimentación tan frugal, osease: poco y mal. Lo de Santo, también bien ganado por los milagros que por allí se obraron con su intercesión.

Como buen anacoreta, vivía en una pequeña cueva que, dicen, aún se conserva… yo no la he visto nunca. En la actualidad, solo, y digo “solo”, podemos ver de su espléndido monasterio, su iglesia: Santa María de Sacramenia, un templo románico de la orden del Cister, cuyo precioso claustro reposa lánguidamente en Miami, fruto de la desidia, y la poca ética del poderoso caballero don dinero.

A pesar de los avatares de nuestro patrimonio, en este pequeño y bello rincón segoviano, cada tarde del 20 de agosto se celebra la romería en honor a San Bernardo. Como veis, hasta el nombre cambia: de nuestro anacoreta (el origen de la veneración) ya no se habla. Los tiempos cambian, cambian las formas, pero nunca la esencia.

Por eso me permito decir (con vuestro permiso): ¡Viva San Bernardo y viva San Juan Pan y Vino!, digoo... ¡Pan y agua! Perdón, perdón, pero es que hablar de la zona de Valtiendas y Sacramenia y no mentar el vino, es casi mayor profanación que la que hicieron con nuestro patrimonio en este olvidado pero precioso rincón segoviano.





Gracias por la colaboración a mi pariente Fernando de El Villar de Sobrepeña
por cederme este calendario que creo que resulta instructivo y curioso.



Todas las ruinas tienen sus historias, pequeñas historias, puesto que no aparecen en los libros, pero grandes para cada uno de los pueblos donde se encuentran, los recuerdos se pierden con el paso del tiempo y con nuestros mayores.

Cuando empecé con la búsqueda de ruinas por nuestra comarca no pensaba que tendríamos tanto patrimonio en ruinas, fueron tiempos, creo, difíciles para aquellos moradores pero a pesar de ello edificaron por nuestra tierra y con no pocos esfuerzos cantidad de ermitas, templos, casonas… todas ellas con sus historias muy particulares de cada pueblo en donde se encuentran. Pero lo penoso no es que desapareciera este legado del pasado sino también, en muchos casos, el recuerdo de ellas para los actuales habitantes de esos pueblos.

Preguntas y más preguntas sin respuestas, en muchos casos a personas mayores que no me sabían decir nada sobre esta o esa otra ruina, ni el porqué de su abandono, ni siquiera como se llamaba. Me pareció triste en muchos casos la falta de interés por su pasado pero mas triste aun es no poner en valor lo que aun nos queda.

Por mi parte seguiré en esta tarea, por un lado, me reconforta dejar mi humilde aportación y testimonio reflejados en las páginas de este blog, por otro, debo decirlo, me lo paso genial buscándolas por entre montes, cerros y caminos perdidos, en fin, conociendo más a fondo nuestra tierra. Pero allá por donde paso lo que realmente me encanta es charlar con la gente mayor que encuentro en el camino, gentes anónimas, pero grandes, muy grandes, las historias de sus vidas, llenas de penurias en muchos de los casos, esta, su tierra, les traumatizó los huesos, su espalda ya encorvada los delata, trabajadores del campo de sol a sol, luchadores desde su adolescencia hasta su muerte. ¡Que generación más grande dios mío! Y todo por dejarnos una vida más fácil a nosotros. ¿Podrán decir de nuestra generación las venideras lo mismo que yo he dicho y admirado de las pasadas?


Ermita del Humilladero, Fuente el Olmo de Fuentidueña.

COMPAÑERAS DE DESTINO
Tan decrepita una como la desnudez de otra,
sus almas se las llevó el diablo del tiempo,
ese que llegó, que está, que se fue
como si de la Santísima Trinidad se tratara,
ese amigo infiel, amigo de nadie, enemigo de todos,
ese que no perdona
el que a todos nos pone en su lugar,
el que a todos nos falta y nadie le sobra.
¡Y es que llega tan deprisa y sin avisar!
Viene de tan lejos como el viento
y es tan cercano como nuestro aliento,
apropiándose de cada uno de nosotros,
exigiéndonos nuestros momentos a su antojo,
como un dios omnipotente,
los buenos pasan con la rapidez de un rayo,
los amargos con la lentitud de una agonía,
otros, los más crueles, tan eternos como tu.
¿Tienes algo bueno, tiempo que todo lo curas?

Ermita de San Miguel.Virgen de los Olmos Fuenteolmo de Fuentidueña.

Ermita de San Miguel de Fresneda, Sepúlveda.

Capilla/Casa fuerte, Laguna de Contreras.

La Casa Grande, Cozuelos de Fuentidueña.

Hospital de la Magdalena, La Villa de Fuentidueña.

Iglesia de San Martín, La Villa de Fuentidueña.

San Nicolás, Orejanilla.

Iglesia de las santas Justa y Rufina, Pajares de Pedraza.

Castillo de Perosillo.

Mongrao o Buengrado, Perosillo.

De los alrededores del pequeño río Cerquilla, grandes historias románticas se cuentan, fuentes que manan eternamente, tesoros ocultos, un castillo de kilométricos pasadizos secretos y el Palacio de Buengrado, sus piedras bellamente esculpidas se esparcen por los pueblos de alrededor al igual que su recuerdo, Frumales, Perosillo, Olombrada, Cozuelos.

La llamaban la Ciudad de la Rosa, bello nombre para una ciudad de princesas enamoradas, de príncipes encantados croando en el río Cerquilla esperando el beso de una princesa, de reinas locas por amor, encerradas en un castillo fantasma, bajo los hechizos de un malvado mago llamado Pasado.

Sus aguas regaban los huertos, los campos de cereal, llenaban los graneros y también la bolsa de molineros, que con ellas movían sus ruedas, los estanques del palacio se llenaban con sus aguas, los jardines florecían con su frescura, ya no pasa agua por su cauce, tampoco doncellas pasean por su fresca ribera, ni llegan caballeros cortejándolas con sus briosos corceles, ya  tan solo quedan unas ruinas y un bello recuerdo.


Gracias por la colaboración a mi pariente Fernando de El Villar de Sobrepeña
por cederme este calendario que creo que resulta instructivo y curioso.



La primavera acude puntual a su cita cada año con sus mejores galas, nunca me decepciona, extiende sus colores por nuestros campos con sus atrevidas composiciones, que si aquí en este campo un poco de amarillo, pues allá el azul le viene bien a esas rocas, y en este prado tan verde pues unas florecillas blancas y otras cuantas amarillas, la jovial primavera nunca se equivoca, ella es así, no da puntada sin hilo. El verano deteriora sus obras y el crudo invierno, en nuestras tierras, acaba con su creación, pero ella no abandona sus campos, los nutre con sus encantos de buena decoradora y exquisito gusto. En muchas de las ocasiones que tengo la oportunidad de recorrer nuestros campos me fijo en ese suelo tapizado de flores, plantas y otras hierbas y pienso que muchas de ellas pasan desapercibidas o bien para nuestros ojos por lo diminutas que son o bien para nuestra percepción, nos fijamos en la rosa y no vemos sus espinas que la protegen y sus hojas que con ese color verde que tienen ayudan a realzar mucho más que por si sola a la rosa. Quiero decir con ello que nuestros paisajes se componen de infinidad de plantas, flores y demás hierbas que por muy pequeñas que sean tienen su función y que creo necesarias en el conjunto, que no reciben el agrado de nuestros ojos pero son imprescindibles en esa composición para que no le falte ni el más pequeño detalle a esta maravillosa creación de la primavera que no solo nos recrea la vista sino que nos aporta esa esencia que nos curará esta o esa otra enfermedad. La naturaleza es dueña de la mejor farmacia, donde guarda los mejores perfumes, las mejores medicinas para nuestras enfermedades, como también los más potentes venenos, creo que la amalgama de todos ellos son vitales, respetemos por ello a cada "hierbajo", quien sabe si son la cura de tus males.
Bienvenida Primavera que todo lo creas, siempre demandada, pero nunca suficientemente agradecida, gracias Primavera por venir este año también.




La amapola, emblema de los campos de Castilla.

Pugna el color de la pasión con el de la esperanza,
la fertilidad con el barbecho, la primavera con el invierno,
la tierra con el cielo, la vida con la muerte.
La primavera marchará, con sus mil colores,
solo quedará el viento del otoño
portador de temores y desconciertos.
Vuela, vuela, como alma de mariposa
allá donde te lleve.


Esta es la flor de la Zarzamora, muy frecuente en zonas húmedas y de ribera, muchas propiedades se le adjudican, como lo de una mancha de mora con otra verde se quita, sus frutos exquisitos, pero lo guardan muy bien protegiéndolo con sus espinas, y creo que por su aclimatación a cualquier terreno será la planta que más y mejor agarra, cosas del pastor Isidro de Sebúlcor, con tu permiso Isidro:
Cierto día, hace años y por estas fechas, estaba Isidro el Moro a la fresca del río Duratón llevando de careo a sus ovejas, churras por supuesto, en esa zona del río, paseantes y turistas del Termitero (Madrid, para que me entendáis) no faltan, entre tantos, dos parejas, las señoritas del Termitero, los caballeros de la zona, enseñándolas un poco los atractivos de la comarca. A las señoritas ya maduritas, les chocaba mucho la flor de la zarzamora y pretendían llevarse un esqueje para trasplantarlo, pero tenían la duda de si agarraría en un tiesto para ponerlo en la terraza del piso del Termitero, por lo que para aclarar dudas los caballeros de la zona las dijeron:
— Preguntar a ese pastor que conocemos, él seguro que sabe del campo más que nadie.—
— Señor pastor, esta planta con estas flores tan bonitas si nos llevamos un esqueje ¿usted cree que no se secará y agarrará?—
Isidro el Moro, un cachondo mental, echándose las manos a la cabeza — ¡Que si agarra!, mire señorita, esta planta cuanto más seca esté más agarra, compruébelo usted misma, después de unos años de tenerla al sol y a la intemperie, usted se desnuda, se abre de piernas, se pone el esqueje entre las piernas, seguidamente las cruza sin que se le caiga y luego tira fuertemente del esqueje y verá si agarra.—


En los pinares se suele dar esta planta, es un buen remedio para curar las indeseables almorranas, su raíz se corta, se envuelve en un pequeño atillo de tela de algodón y se lleva entre la ropa interior del silencioso sufridor de almorranas,
¿Efectivo?, los casos que conozco y el mío propio, cura total, cosas de brujería.


Este es el Gordolobo, altivo, muy señorial él y muy vistoso al amanecer, sus flores amarillas brillan espectacularmente a esas primeras horas de la mañana.
Antiguamente se utilizaba para pescar en el río Duratón en ciertos bodones donde se escondían los peces bajo la roca descarnada por el rió a su paso, se cerraba el paso del agua con céspedes y piedras, evitando que el agua ni saliera ni entrara por ese lugar o desviando su cauce. Preparado todo se golpeaba el Gordolobo lo más posible sobre la roca que quedaba por encima del agua para que sus esencias cayeran al agua estancada, en pocos minutos los peces salían de sus escondites quedando flotando sobre las aguas a merced de los pescadores que empleaban esa artimaña para cogerlos, esta práctica esta prohibida en la actualidad.
Con los primeros rayos del amanecer y de espaldas al sol, se arrancaba y de rodillas, se decía:
Buenos días Gazapeo
tu me miras ,yo te veo
con la gracia que tu tienes
y la que Dios te ha dado
haz que se caigan los gusanos
al animal (se citaba al animal y a su dueño).
Y se tiraba hacia el sol por encima de la cabeza, seguidamente se salía corriendo no mirando hacia atrás.
Gracias Ole de Sebúlcor, el pueblo de los Brujos, por esta aportación.


Unas cuantas más, difícil empresa fotografiar a todas, disculparme las que no salís en este blog, pero saber que yo también os quiero.


Unas florecillas, tan delicadas como efímeras.


Aromáticas como el Espliego o Lavanda, antiguamente, hace ya unos cuarenta años se recolectaba por los meses de agosto y septiembre por los lugareños y se lo compraba un señor venido de Murcia que con su alambique sacaba la esencia, en esta tarea me contaron los que lo recordaban que se segaba la parte de arriba solo y que empleaban a cantidad se personas mayores y chavales, bien venían unas perrillas extras en esos tiempos.


Rupícolas; Zapatitos de la virgen, Siemprevivas, Sedos y el conocido, y empleado en infusiones por aquí, como de Té de Roca, que no es tal puesto que no tiene teina, su nombre exacto es Jasonia Glutinosa. La roca, desnuda en invierno, se embellece en primavera con multitud de plantas y flores que se agarran a ella como lapas buscando sus nutrientes.


Paisajes de peonías en las Hoces del Duratón, su floración muy efímera, solo nos deleitarán nuestros sentidos un par de semanas.


Paisajes de cereal, uno de los alimentos básicos en la dieta del hombre, poco valorados los que hacen posible la producción.

Un mar de pinares se extiende por nuestra comarca perdiéndose en el horizonte.


Los tenemos albares, con sus piñas repletas de piñones de consumo, son los menos en nuestra comarca y los que se aprovechan para madera y de nuevo el producto de la resina abandonado hace 30 años su recogida.Este es el enebro que está junto al deposito antiguo de Villar de Sobrepeña, dicen que cura los orzuelos, simplemente debes tronchar una yema de sus ramas, cuando esta esté seca, tu orzuelo se quitará. También cura los clavos, debes coger tantas garullas como tantas cabezas tenga el clavo.
Pero claro todo esto son hechizos que por uno mismo no funcionan, necesitan la intervención y los rezos de los descendientes de antiguos druidas celtibéricos amantes de la naturaleza que por la zona vivieron en sus castros a lo largo del río Duratón, ahora ruinas apenas perceptibles.Aun en los pueblos queda algún que otro descendiente de druidas que como buen druida no sueltan prenda de sus hechizos, magia y sabiduría nada más que a sus descendientes, y oralmente.
Y es que en mi comarca la magia todavía existe, se palpa, se siente en sus miradas que analizan tu interior y ya no solo hablando con los druidas sino paseando por ciertos lugares que crees solitarios y nada más lejos de la realidad, miles de ojos expían tu comportamiento en la naturaleza, ojos delatores que darán cuenta de ti si no eres humilde y correcto con tu madre Tierra, pero claro para sentir esto es necesario algo que no está al alcance de muchos, amar la tierra donde vives.


Gracias por la colaboración a mi pariente Fernando de El Villar de Sobrepeña
por cederme este calendario que creo que resulta instructivo y curioso.

Cuando todo parece olvidado siempre surge un nuevo reencuentro con el pasado, ingrato porque es pasado y no podemos volver a vivirlo, apenas un atisbo de notas musicales, un aroma viajando en el viento, nos reencuentra con esos amigos de juegos de infancia, con el sabor del chupa-chups que comprábamos con la propina de la abuela, con esa mesa camilla donde escondernos de la zapatilla después de traer los pantalones rotos, esos tiempos los recordamos en nuestro otoño, ese otoño que a todos nos llega antes del invierno y después del verano. Y este otoño parece que va a pasar tan deprisa que intentamos recopilar vivencias, imágenes, recordar, en una palabra, nuestra vida pasada. Esta que vivimos de adultos, es tan efímera, tan vacía, que recurrimos a la primavera donde nuestras obligaciones estaban en correr sin rumbo, en revolcarnos en la hierba hasta que nos dolían las rodillas, en coger ranas, grillos, bichos… en darnos cuenta de que la vida de nuestro entorno era nuestro hogar, en descubrir la vida a nuestro alrededor, porque en los pueblos era así nuestro patio de casa, llegaba hasta donde el miedo ya no te dejaba seguir, los límites en el juego los ponía uno mismo. En la actualidad, me apena ver a los chavales que desde muy pequeñitos los llevan a la guardería y pasan sin ver a su madre casi todo el día, luego viene el colegio, más tarde los deberes, luego la clase particular de mates o inglés y algún día a talleres de juego a enseñarles a jugar un adulto pues les robaron su imaginación para ello, y una vez por semana a catequesis durante tres años antes de la comunión donde se le colmará de los juguetes con los que nunca tendrá tiempo de jugar, porque ya de adolescentes se les exigirá más y más y porque, simplemente, los juguetes de la actualidad juegan solos.
Adoctrinamiento brutal para los tiempos que vivimos, vivimos digo yo… ¿acaso les queda tiempo para ello? Personalmente en mi otoño tengo mis recuerdos placenteros de mi infancia, me pregunto si estas nuevas generaciones, cuando les llegue el otoño, pedirán cuentas a la sociedad y se preguntaran:

¿QUIEN ME HA QUITADO MI MES DE ABRIL?

Un bote en el suelo era una tentación, darle la patada más fuerte que podías y salir corriendo y esconderte todo era uno, muchas noches de verano las pasábamos en mi pueblo jugando al bote. ¿Para que más juguetes que un bote y amigos? Como nos decían los padres: ¡juguetes!, la calle para correr y los cantos para tropezar.Poco a poco, los ibas localizando y corriendo hacia donde estaba el bote los nombrabas en su interior, estaban cazados casi todos, esperando que los pocos que quedaban los salvaran. Y es que siempre en la cuadrilla estaba el espabilado de turno que salía de su escondrijo y daba tal patada al bote que antes de recogerlo y ponerlo de nuevo en su sitio ya no quedaba ni dios allí y otra vez a empezar. ¡Jo, como lo pasábamos todos! Bueno, todos menos el que la quedaba.

A un jodido bote:
bote en una esquina de cualquier calle apostado,
junto a tu guardián, celosamente eres custodiado,
jodido bote, que patada tienes cuando te miro y no me ven
.


Coger bichos tampoco se nos daba mal, los teníamos diurnos, ranas, cangrejos, pececillos, grillos, gusanos... todo el día indagando como pillarlos; y los nocturnos, unos los llamábamos chicharras, chirraban toda la noche metidas en sus agujeros, la ciencia para cogerlas estaba en acertar en clavar un palo en la dirección que creías que iba su agujero y así taponarlo, evitando que se escondiera, claro, todo esto con mucho sigilo para que no se escondiera al acercarnos. ¿Por cierto, sabéis alguno como se capan las chicharras? Otro bicho nocturno eran las bombillas del alumbrado del pueblo, a esto íbamos armados hasta los dientes con esos tiradores, hechos por nosotros, por supuesto, con unas gomas de cámara de bicicleta, un poco de cuero de alguna bota rota para hacer la badana y una horquilla cortada de algún árbol, proyectiles no faltaban en el suelo, puesto que sus calles no estaban pavimentadas. Pero cuando nos aburríamos o nos echaban la bronca, ¡que no se por que, la verdad! (tarde o temprano habría que reemplazarlas por farolas), bueno tal vez fuera un poco temprano para eliminar la poco luz que había, pues hacíamos dos ejércitos, unos contra otros, hasta que a alguno escalabrábamos o nos escalabraban, fin de la batalla, no de la guerra, que continuaba la noche siguiente, con una baja, eso si. Claro, os preguntareis ¿por que de noche? Sencillo, alevosía, nocturnidad y, que leches, los bichos bombillas se veían mejor cuando estaban encendidas.

Antes de los cromos se jugaba a los cartones, el juego consistía en darle golpecitos con el dedo e intentar pillar el cartón de tu contrincante, montándole encima antes que él a ti. También se hacían carreras, el ganador se quedaba con todos los de los adversarios.


Llegando las lluvias y la borrasca de la escuela, jugábamos a los indios y los vaqueros, nos armábamos de revólveres que disparaban mas tiros que las metralletas más modernas, teníamos la legua muy rápida, pum, pum, pum y el dedo muy ligero: que te he visto, que te he dado, que tu no me has visto, mentiroso, ya no juego. Y es que siempre los indios tenían todas las de perder. Ahora tengo mejor concepto de ellos desde que vi la película Bailando con lobos.

Cuando el suelo ya estaba bien empapado teníamos nueva competición, el hinquete, o el hinque, un palo grueso de buena madera para que no te lo rompieran, de unos 30 centímetros de largo y con la mejor punta que os podáis imaginar. Y ala, pallá que te ibas, al colegio con tu hinquete pero sin la cartera, los donuts no te los olvidabas, ni los conocíamos, yo no se cuando vi esas cosas redondas sin agujero que se comían, pero de siempre me he preguntado por qué quitaban el agujero, tal vez no se coma sigo pensando, si no, otra explicación más lógica aun no encuentro. Este juego tenía sus peligros, bueno el juego no, los que jugábamos, poníamos todas las fuerzas e ímpetu en clavarlo lo mas posible y en alguna ocasión no llegaba a hincarse en el suelo sin antes hacer una brecha a alguno en la cabeza, este juego del hinque aun me sigue gustando, lo analizo y no se por qué.

De más mayores ya sabíamos leer, ¡que trabajo le costó a alguno que fumaba tanto!, no es de extrañar que fumara tanto, antes no había baja por estrés ni valium, de alguna forma tenía que pasarlo, ¡que profesión tan sacrificada esa de ser maestro de escuela! Bueno, pues ya nos entreteníamos con los tebeos y más mayorcitos seguimos leyendo tebeos.


En los bares recogíamos las chapas de los refrescos, les poniamos un cromo pegado y en el suelo hacíamos una especie de carreteras y La Vuelta Ciclista a España, ahora está el excaletric, a mis hijos creo que se lo "regalé" con un par de años.

Pues nada, por hoy ya hemos jugado bastante, todavía os ajunto a todos por lo que otro día jugaremos a otras cosas.

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