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Historias, leyendas y paseos por lugares de la provincia de Segovia.

Esta historia se pierde en el tiempo, tiempo donde los hombres seguían siendo hombres y como de hombres sus comportamientos.

El caminante apresuraba su paso, media vida pasó recorriendo los caminos de dios, buscando no se sabe qué, tal vez un golpe de suerte, el que no tuvo nunca. Una día, sin saber por qué, hace años, no sabe cuantos, salió caminando de la casa de sus padres y ya nunca regresaría.
Aquella noche oscura presagiaba tormenta, los truenos, cada vez más cerca, acrecentaban sus miedos y esos rayos que partían ese cielo tan oscuro le hacían temer por su vida.
Pasó por pequeños pueblos, uno, dos, tres, cuatro pueblos humildes, casi tan cercanos unos de otros como las piezas de un domino donde se encaja la figura al igual que sus gentes una misma condición. Pidió alojamiento, imploró cobijo, para esa noche tan desapacible, no solo se lo denegaron, no solo depreciaron su figura desaliñada llena de harapos, sino qué las pocas piedras que existían en esas tierras se las tiraron como si de un perro con rabia se tratara. Aquella noche durmió bajo una olma de un despoblado cercano, acurrucado en esa manta que lo que menos le hacía sentir era cobijo y donde maldijo su perra y tan incierta vida. Pero a toda tormenta le llega la calma y bien mañanera la mañana volvió sobre sus pasos de esa noche tan pecaminosa en busca del camino perdido. La mañana era de cuento de primavera por el camino bordeado de chopos anunciándole el primer pueblo. Entró por su plaza llena de barros y charcos por la tormenta, los chavales del pueblo le dieron el mismo recibimiento de sus padres y haciendo bolas de barro se las tiraban con la mala leche heredada de sus progenitores y pasó el pequeño pueblo y el segundo y el tercero y el cuarto y detrás de él todos los chavales de esos pueblos y la lluvia de barro que le caía como a un apestado, y sus padres detrás alentando a los chavales.
Fue un momento de odio, odio tan profundo hacia esas gentes que no encuentro palabras para en estas líneas describirlo y dándose la vuelta y mirándoles los maldijo. El silencio se hizo, por un momento dejaron de tirarle barro.

- Muchos años pasarán para que este barro que me arrojáis se desprenda de vuestros hogares.-

Al instante un rayo partió el día tan soleado y lo convirtió en nubarrones tan negros como el alma de los presentes y el trueno que le acompañó rompió el silencio y una tromba de agua empezó a caer sobre todos los que estaban en aquel campo de cereal. El agua con su maldición cayó y cayó y los pequeños cuerpos de los niños se deshacían con el agua que les caía y tan líquidos como ella quedaban en el suelo.

- ¡Dios mio!-

Los padres y madres no daban crédito a lo que veían y arrojándose al suelo embarrado cogían con sus manos todo lo que podían. Eran sus hijos mezclados con la tierra y la paja, hacían con ellos pequeños montones, intentando no perderlos para siempre.
Como cualquier tormenta, amainó, hasta el diluvio universal dicen que también, y esos pequeños montones con el sol y el aire cálido se endurecieron. Los padres recogieron esos adobes no queriendo desprenderse de esa mezcla de barro, agua, paja y quien sabe si el último aliento de sus hijos y se los llevaron a sus hogares para que formaran parte de ellos y tener entre sus muros a los seres queridos y lo siguieron haciendo así durante generaciones. Por eso son tan acogedoras esas casas hechas de adobe. Tienen vida propia.



Casas construidas con los elementos mas básicos de la naturaleza, agua, barro, paja y madera.
El adobe es un sistema de construcción empleado en cualquier época y en cualquier lugar del mundo.


Nacidas de la tierra, las construcciones de adobe vuelven a ella sin degradar el medio ambiente. En despoblados, con el paso del tiempo, las casas desaparecen y los terrenos donde se asentaron vuelven a ser campos de labor.


Sistemas de aparejo: El tapial que es la parte de abajo de la construcción. Se hacía rellenando entre dos tableros o tapiales, con barro, piedras pequeñas y barro bien pisado. Una vez rellenados los tapiales, continuaban las paredes con el adobe, barro y paja bien mezclada con los pies habitualmente. Con la pasta conseguida se rellenaban unos moldes de madera y seguidamente se desmoleaba dejándolo secar al sol y al aire sobre la era. Se hacían adobes y adobas, estas, más grandes, se empleaban también para hacer hornos, las paredes se enlucían de cal y arena en paredes exteriores, en las interiores se revocaban de barro y se pintaban de cal.


Interior de una casa de adobe, la cuadra.


Con este material se construyeron, casas, palomares, hornos, gallineros...


Estoy advertido de lo que voy a encontrar en este trayecto: ruinas, expolios, soledades... y un sobrecogedor paisaje. Bueno, vamos allá, tengo toda la jornada por delante. Inicio andadura tras el ábside de la parroquial de San Miguel de Bernuy, con sus barroco/románicos capiteles. Por factura, del mismo taller de la ermita de Revilla Orejana, no muy lejos de aquí. Cruzo el Duratón y me adentro en la cola del embalse de Las Vencías, río abajo. Primer encuentro: Las Ermitonas, rareza de ermita amurallada arruinada. ¿Quien se ha llevado tus portadas, arrancándolas con saña? ¿quien te ha maltratado así, dejándote mutilada? Continuo camino sin respuesta. A partir de aquí comprendo lo del calificativo de sobrecogedor dado al paisaje. Se queda corto. Sigo camino y subiendo, en lo alto del acantilado veo, al otro lado, sobre una península, otras dos ermitas en ruinas: los San Pedros y los San Martines. Me pregunto: ¿Por qué todas las ermitas se denominan en plural?. Dando vueltas a la incógnita llego a Fuentidueña: Iglesia de San Miguel, la mas interesante de la comarca y otros dos templos románicos en ruinas: Santa María la Mayor y San Martín. Este último tiene el ábside en ¡Nueva York!, concretamente en The Cloisters, bajo la irónica situación de Cesión Temporal Indefinida, dada en su tiempo. Triste destino de algunas piezas de esta comarca, vendidas miserablemente a principios del siglo pasado a algunos buitres al acecho ( y no precisamente de los que sobrevuelan este cañón). Estoy en el punto intermedio de la marcha. Cruzo el río por frondosa alameda y remontando ahora el Duratón asciendo al cerro de San Blas desde el que se divisa gran parte del camino recorrido y el que me falta por recorrer. Asomándome por los altos acantilados de esta parte del río, me adentro en la península antes vista y me dirijo a las ruinas de Los San Martines primero y Los San Pedros, después. Piedras desnudas al viento, paredes inestables, portadas arrancadas... sensación de soledad y desabrigo. Después de muchos kilómetros (24, dice el GPS) desde el principio, con toda la jornada andando y ya anocheciendo vuelvo a entrar en San Miguel de Bernuy. Hago balance: 7 construcciones vistas, 5 de ellas en ruinas. No estoy ahora para porcentajes, pero el que resulte será desolador. Me queda, en el casco urbano, visitar la ermita de La Virgen del Río, construcción moderna. Curioso: con ese nombre, no está cerca del río pero tiene canecillos de las que si lo están y he recorrido anteriormente. Piensa el caminante que algo se ha salvado...

Capiteles de la parroquial de San Miguel de Bernuy. Basilisco (sup) y arpía (inf) entre exhuberante vegetación pétrea.

Las Ermitonas: extraño ejemplo de ermita románica amurallada.

Península que forma una hoz del Duratón donde se encuentran Los San Martines y los San Pedros. Silueta (inf) de este último.

Templos de Fuentidueña. San Miguel (sup) y ruinas de San Martín (inf), cuyo ábside se encuentra en The Cloisters (Nueva York).

Los San Pedros (sup) y los San Martines (inf).

Canecillos de la ermita de la Virgen del Río traídos de alguna de las ermitas ruinosas (sup): ¿rostro con máscara de carnaval? ¿rostro entre fauces de animal? Decidid vosotros mismos... (inf): cabeza de animal ¿cérvido?


TEXTO Y FOTOGRAFÍAS DE PACO TORRALBA, ENTRADA CONJUNTA CON SU BLOG http://astragalonet.blogspot.com/


Serpenteando, cruza el nordeste segoviano el tranquilo Duratón en la actualidad, pero en otras épocas de su historia, terrible Duratón, horadando a su paso lo que encontraba y formando para nuestro deleite visual los barrancos y hoces que ahora se admiran. Pero lo que si que dejó fueron pocos lugares por los que vadearlo, frontera natural infranqueable para vacceos y arévacos, uno de los lugares fáciles por donde cruzarlo fue lo que actualmente es San Miguel de Bernuy, sitio fácil para cruzar, pero también sitio a defender de intrusos. A la vez sería lugar de paso e intercambio de culturas de los pueblos limítrofes. Allí se levantan, sobre una península como fríos fantasmas dominando el actual pueblo, las Ermitonas cuyos cimientos se entierran sobre el antiguo castro, despojadas de cualquier elemento que pueda delatarlas como románicas, apenas sus figuras se reconocen como tal.
¿Donde estarán esos canecillos con los que me embellecieron..., mis fustes, mis capiteles, mis dovelas? Perdí un día la clave y hoy me encuentro así, recordando un pasado glorioso, pero el tiempo no perdona y menos los hombres, me crearon a su antojo, tal y como me destruyeron.


Esta es una imagen desde el pueblo de San Miguel de Bernuy. En primer plano el río Duraton, navegando río abajo nos encontraremos con el pantano de la Serranilla entre un paraje de peñas.

Vista general de los San Pedros y San Martines en la península de la izquierda. En el margen derecho del río Duratón la ermita amurallada de La Virgen Del Río.

Esta ermita se encuentra en el pueblo junto al cruce de carreteras que nos lleva a Cobos de Fuentidueña, se levantó por el siglo XIX, en su construcción se emplearon elementos románicos de la antigua ermita de la Virgen del Río.

Detalle de esos restos. En los alrededores de esta ermita, en la ladera de nuestra izquierda, se asentaron en la edad del hierro las raíces del pueblo de San Miguel de Bernuy (junto al frontón).


SU PASADO TAN PRESENTE

Los San Pedros y San Martines siguen oliendo a tomillos como desde siempre, a humo de sus hogares de lumbre baja, a techumbres de paja mojada por el agua de otoño, en los San Pedros y San Martines huele a necrópolis.

En los San Pedros y San Martines se oyen rumores de los crios corretendo por sus callejuelas de casas castreñas, a cencerros de cabras pastando por los peñascos, a crujir de ruedas de carro aproximándose por sus caminos de piedra, a choque de espadas de guerreros, a centinelas dando alarmas de intrusos desde su muralla, en los San Pedros y San Martires se oyen rumores de destrucción.

Los San Pedros y San Martines tiene aromas a pucheros de mil sabores de mil productos sacados de la tierra, a cabrito asado el la hoguera, a requesón y quesos curados en bodega, en los San Pedros y San Martires se saborea felicidad pasada.

En los San Pedros y San Martines se palpa su pasado, sus piedras ya frías de sus hogares, sus tierras cenizosas, sus cerámicas rotas, negras de cocina, rojas con motivos espirales, funerarias y alguna que otra sigilata romana que afloran a nuestro tiempo empujadas por el arado, en los San Pedros y San Martires palpamos la historia.

En los San Pedros y San Martines vemos, oímos, saboreamos, olemos, palpamos y lo más importante, sentimos nuestra historia.



ESTA ES UNA ENTRADA COMPARTIDA CON EL BLOG AMIGO DE PACO TORRALBA, ASTRAGALO.NET

Esto es un reto en toda regla y una provocación.
Con esta entrada os reto a decirme donde se encuentran estos restos del románico, no está de más que los interpretéis, así nos enteraremos los que no sabemos.
A saber, lugar. ¿Por qué en esa zona? ¿Qué los delata? ¿Tienen nombre arquitectónicamente hablando? ¿Donde se encontrarían en su antiguo emplazamiento? ¿Pertenecen a alguna orden en particular? etc... etc... Los que entendéis de esto ya sabéis por donde quiero ir, sin más ni menos. ¡A ver como andáis! Por cierto uno de ellos no está en el lugar donde se encuentran los otros dos, pero que os voy a decir... listillos.




No es un día cualquiera junto a la ermita de San Frutos, si amaneció como muchos días de otoño, serenos como las aguas del Duratón que la circundan, desiertas como durante siglos, nublado como un día que se precie de otoño y en silencio, ese silencio que nos muerde nuestras entrañas. El paraje como siempre nos relaja el alma, nos encoje el corazón y nos deleita nuestros sentidos. Muy mañanero, el día fue cambiando el silencio por murmullos, los murmullos por algarabía y la algarabía se fundió con jotas castellanas para convertirse en sonidos de fiesta. Día muy diferente este mágico día donde cada 25 de octubre acuden por encanto hasta estos parajes, en los que el buitre es el señor de los aires, gentes de toda condición social, económica y de edad se mezclan en esa península, y comparten por un día los terrenos donde hace siglos un hombre, Frutos, abandonando la ciudad, pasó sus años hasta su muerte meditando.

Personas con promesas rancias incumplidas, otras futuras por prometer ese día, promesas secretas para todos los demás, ocultas como sus resquemores y frías pesadillas, buscando salidas a sus miedos y como mediador ese lugar mágico, donde los sueños quedan atrapados por el embrujo de las dulzainas, el tambor y el tamboril. Personas que no volvieron ese año a visitarlo, otros que no llegarán al próximo, les llevaron sus padres en la juventud, antes, cuando el trayecto duraba toda la noche y a estos también les llevo su padre y así, generación tras generación, se pierde en el tiempo. El porqué un día como hoy las gentes de la comarca sienten la imperiosa necesidad de visitar ese lugar y esperar ir al próximo con optimismo pese a sus achaques, no se, son gentes de esta tierra, duros como sus piedras nacidas hace ya años y no se dicen cuantos pero sus arrugas tan profundas como sus historias les delatan, trabajaron en ellas intentando que fueran productivas regándolas con su sudor y lagrimas, otros buscando la brizna de hierba mas fresca para sus ovejas.Vieron pasar los años, a los hijos marcharse, perder a los mas queridos, pero ese día es grande y vuelven a reunirse con sus amigos, hijos, hermanos y echarán un cagüen dios y también un chato de vino porque las penas dicen que son menos. También recordarán que tuvieron su momento y bailaron sus jotas en ese pedregal con la cabeza y los brazos bien en alto, con orgullo, pues esta tierra nuestra no dará bienes en cantidad, pero si gentes como estas, sencillas y autenticas.
Este año, como los demás en la historia de este día 25 de Octubre, los protagonistas, ELLOS.







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En mis recorridos sin rumbo prefijado por los pueblos de mi comarca hay algo que nunca me deja indiferente, es más, me entra cierta melancolía, son esos edificios que parecen estar hechos a medida de su población, pero tan vacíos, tan desiertos, tan abandonados algunos... A otros los encontraron otras funciones, centros sociales, centros de consultas médicas, bares, peñas para fiestas... Función muy diferente para la que en su día se construyeron. Y es que hace años estos edificios estaban destinados a algo fundamental para estos pueblos, su futuro. Creo que ya sabéis que a los edificios que me refiero, son las escuelas. Por ellas todos pasamos, unos más temporadas que otros, unos más mirando al encerado que otros, unos con más recreos que otros y los más, con las orejas calientes o los carrillos colorados por una bofetada mañanera. Y es que mucho, en parte, dependía del buen talante del maestro, pero ahora se le disculpa, pues joer como eramos. Cuando hace ya años, y no digo cuantos, pero años ya, y los de mi generación vestíamos jersey de lana hecho por nuestras madres y pantalón corto de espuma, tanto en verano como en invierno, los largos decían que para cuando fuéramos mayores o pagáramos la media cuartilla, como calzado, esas Tao de color azul, pues íbamos a la escuela y lo mejor de la escuela era la hora de salir de ella, las cinco de la tarde.

¿Pero a quien le interesaban esos rollos dentro de la escuela? El orden de salida tenía su aquel, pero ya en la calle, la desbandada y el griterío se hacía notar. ¿Y que esperaban? ¿Que unos chavales de entre cinco y trece años dejaran de ser lo que eran? Poco a poco nos fueron adoctrinando o tal vez debería decir adiestrando, ¡pero les costo!, que todo hay que decirlo. El caso es que llegabas a casa con toda la prisa del mundo, la cartera no la dejabas, esa cartera azul con dos asas que contenía, en sus mejores días, un cuaderno, un libro, un lapicero, una goma mordida o redonda de tanto borrajeto quitado y una caja de pinturas que solo estaban el primer día en su caja y con la misma longitud apenas unas horas, culpable, el sacapuntas, elemento muy valorado para escaquearse en la papelera. Bueno, pues no dejabas la cartera, la tirabas donde fuera y tu madre te decía: ¿que quieres para merendar? Tu respuesta, rápida y concisa: ¡pues que voy a querer pan con chocolate! El chocolate de antes no era con leche ni de sabores a frutas ni inventos de esos de ahora, era chocolate. ¡O eso creíamos! De color marrón oscuro, las onzas, que las llamaban, apretadas, gordas y pesadas, vamos, que como si fueran obra de Botero, y eso si, no se deshacía ni rompía tan fácilmente, había que hincarle el diente con ganas. Tu madre te lo daba metido dentro de un corrusco de pan de hogaza, como en un bocadillo, y tú, ya saliendo por la puerta, lo sacabas del pan y en una mano el chocolate y en la otra, olvidado, el pan. -¿Donde vas? ¿No te puedes sentar a merendar?- te decía tu madre desde dentro de la casa y tu siempre la misma contestación: -por ahí- (creo que esa contestación está vigente en la juventud en la actualidad) y saliendo de la casa, ya libre de escuelas y adultos, con tu pan, con .... ya no quedaba chocolate, te recorrías el pueblo en busca de aventuras de piratas con un barquillo que hacías tú mismo de roña de pino y lo soltabas en el arroyuelo recordando viajes de Simbad el Marino, o de aventureros por la selva, esa de Tarzán que estaba en la chopera del pueblo, y haciendo palacios increíbles como Aladino con ramas y demás. Otros, los mayores, ya lo llamaban cabañetas, que malo es ser mayor, como cambia la historia. En otras, hacíamos de Alibabá y los Cuarenta Asalta-huertos-sandiales-frutales-etc, pero en estas últimas aventuras había inconvenientes y teníamos daños colaterales infligidos por el enemigo. También de caballeros como el Cid Campeador defendiendo o asaltando a los infieles el castillo, ¿castillo digo? ¿o era un montón de balas de paja? Ya no recuerdo si en mi pueblo había castillo, o quiero no recodar para que esas aventuras vividas queden tan reales como queríamos o creíamos que eran. Y así, día tras día, después del colegio y después de apretarnos nuestro pan con chocolate, pasamos la niñez soñando por nosotros mismos como libres y niños que eramos.
Y recordaros solo que, de acuerdo, que los tiempos cambian, pero si os digo, dejarlos ser y soñar como niños que son.



El Plan Nacional de Construcción de Escuelas se hizo entre los años 57 y 62. Estas escuelas tienen la particularidad de ser muy similares todas y de estar en lugares muy preferentes del pueblo, pues era quien ponía los terrenos. Antes de este plan de construcciones, las escuelas estaban donde se podía, normalmente en salas de los ayuntamientos.

Escuelas de Consuegra como veis a medida ,el pueblo era pequeño y lo sigue siendo ,pero aun mas pequeño y desolado

Las escuelas de Villar de Sobrepeña se construyeron en el año1943. Mucho esfuerzo en esos tiempos para sus habitantes, hoy parte de ellas, consultorio médico, la otra parte del edificio, sede de una asociación.

Perorrubio, en la actualidad están recuperadas como sede de una asociación del pueblo.

En Valdesimonte no se ponían de acuerdo con su construcción, pero me decían que podían tener ochenta años. Eran otros tiempos, me decían, en los que el pueblo ingresaba mucho dinero por sus montes y podían embarcarse en la casa el médico, la de los maestros, la de cura. Si, eran otros tiempos, en los que el futuro de esos pueblos correteaba entre sus acequias. En la actualidad todas cerradas al mismo tiempo que el futuro de muchos pueblos.


Gran edificio el de las escuelas de Hontalbilla, imaginaros en esos tiempos los chavales que tendría el pueblo, en la actualidad acuden a él doce chavales.

Las de Castrillo, pequeño pueblo, apenas veinte habitantes hoy en día, sus usos en la actualidad, son múltiples.

Estas son las escuelas y la casa del maestro de Las Aldeuélas, los columpios son actuales, los juegos de antes, desde las carreras ciclistas con chapas, el bote, el frontón, vida y luz, el hinque, el pañuelo... ¿quien necesitaba columpios?

Las de Valvieja, destruidas. La situación de todas las escuelas era privilegiada, la luz mandaba.

He pensado que esta música puede quedar bien mientras leéis esta entrada, si la queréis escuchar dadle al play.



En esta ocasión me acerqué esta mañana de domingo a un valle donde hace ya siglos los visigodos también vieron en él un sitio agradable para vivir y morir, Ventosilla y Tejadilla, dos nombres que van siempre juntos, pues juntos se encuentran estos dos pueblos en este valle y mirados, desde lo alto, por el barrio de Las Casas Altas no sin cierta envidia por el paraje donde se encuentran estos, entre prados y arboledas, donde sus casas sin un orden ni un concierto disfrutan de lo que realmente es el campo puesto que más que un pueblo es un campo con casas. Entre este despropósito de pueblo se oculta la iglesia dedicada a Nuestra Señora de Tejadilla, dicen que es un románico tardío, que está muy reformada en siglos posteriores, que la nave está construida en mampostería, que es un poco tosca su decoración, pero que queréis que os diga, para mi es una de mis favoritas. ¿El por qué? pues en esa construcción se percibe la labor y el esfuerzo de un pueblo que en su momento levantó esta iglesia con pocos medios, me imagino, pero con mucho fervor.




La visión de un experto, por Syr (Salud y Romanico).

Ante todo, hay que tener en cuenta que el símbolo románico no tiene un único significado, sino que es polivalente, por lo que habrá que poner su significado en relación con el contexto, pues una misma cosa puede significar varios aspectos en relación con el entorno donde se ubique.

Este templo, es un ejemplar típico de la catequesis medieval del PECADO DE LA CARNE, La Lujuria, donde existen elementos positivos de redención a través de la iglesia, pues ese era el mensaje que tratan de emitir.




SIRENOS (NEREIDOS) DE DOBLE COLA.- Peligro de seducción a placeres concupiscentes. Voluptuosidad perniciosa y engañosa.



MÚSICO CON FLAUTA.- "Donde están los tocadores de flautas, allí no está Cristo", decía S. Isidoro.

OCAS AFRONTADAS.- Prevención contra las asechanzas del Demonio.

HOMBRE MESÁNSOSE LA BARBA PARTIDA.- Apego al mundo sensual y sentido lujurio
so.




ABUBILLA.- Bajas pasiones que se alimenta de gusanos (arriba de su cabeza) en el cieno y tarquina.

CABEZA DE BESTIA CON DENTADURA HUMANA.- Hombre pecador.

ZORRA.- Símbolo del mal, prostitución, lo infernal.


JABALÍ.- Animal inmundo, símbolo demoníaco.

ELEFANTE.- Símbolo de Castidad.

ARPÍA (SIRENA-AVE) Seducción, lo maléfico y contrapuesto a espiritualidad. Almas condenadas.




SERPIENTE CASCABEL.- Demonio, Perversión o Perfidia tentadora.

MÚSICO.- Sentido de disipación y lujuria.

ESPINOS.- Pecado.



HOMBRE ABIERTO DE PIERNAS CON TALONES JUNTOS.- Exhibicionista.

HOMBRE ABRIÉNDOSE LA BOCA CON AMBAS MANOS.- La Mentira.

DIÁCONO CON CÁLIZ.- La Bebida Espiritual. " sólo el hombre que acierta en su elección y bebe el agua de la vida, se salvará".



RELIGIOSO CON DOS BÁCULOS.- La Iglesia, símbolo de salvación.

GALLO.- Vigilia y tránsito de la oscuridad a la luz. Resurrección.

MÚSICO.- Disipación y Lujuria.



HOMBRE CON LENGUA BÍFIDA.- La Mentira, la doblez.

ACRÓBATA.- Distracción que aleja al hombre de su verdadero fin.

SERPIENTES ATACANDO.- Tormento y castigo del libidinoso y adúltero.



Mi más sincero agradecimiento a Syr por sus interpretaciones de los canecillos y todo lo que aprendo de él.

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