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Historias, leyendas y paseos por lugares de la provincia de Segovia.

Dicen que juntándose unos cuantos curas de varios pueblos linderos para oficiar la misa de la fiesta grande de uno de ellos, cuando hubo terminando el santo oficio se fueron a otro, no tan santo pero más gratificante físicamente, unos buenos lechazos, unas ensaladas y para limpiar y enjuagar la legua y tener en buen uso la herramienta de comunicación unas jarras de vino, no dulce como el de las misas pero que relaja el espíritu que no veas. Salió a conversación el tema de los casamientos de curas, esa cantinela de siempre, los ánimos se iban caldeando entre los que apoyaban y los que no y el vinillo calentaba el ambiente. Pasando el cantinero que les estaba atendiendo en la posada oyó decir: -Bueno, yo os digo lo que me parece, nosotros somos ya mayores y no lo veremos pero nuestros hijos a lo mejor si.


Ermita de Frades. Se dice que: ¡Quien ha estado en Frades ha estado en todos los lugares!


Dicen que en el pueblo ya era de dominio público. ¡El cura y su ama de llaves se acostaban juntos! ¡Pero, que pasa, eso siempre fue así! Por desgracia, parece que llegó a oídos del Señor Obispo y, claro, eso ya era harina de otro costal. ¿Como suavizarían el tema? El ama de llaves se veía en la calle después de tantos años de esa coyuntura con el cura y entonces el cura, muy suyo, le dijo: - mira, seguiremos como siempre, eso sí tu veras. ¡Si te quedas, te quedas, pero como te quedes te vas!




Vista de la fachada principal. ¿Quien se imagina el espectáculo que sería en sus mejores momentos? Estos tiempos que vivimos, por desgracia, son su total decadencia, antes, en mis primeras visitas, eran unas bellas ruinas, ahora son desalentadoras y llenas de amargura.


Desde el exterior, todavía vemos las ventanas de las salas donde se alojarían, en sus visitas, Isabel I de Castilla (la Católica) y demás reyes y nobles que por aquí pasaron. Eran sus momentos de esplendor. ¡Lo que cambia la historia, eh!


Apenas un hilo de muro para estar en pie, a su lado la naturaleza emerge vigorosa de sus ruinas y es que las construcciones del hombre, al igual que éste, son efímeras, la naturaleza se transforma.


Entramos en su interior, a duras penas una maraña de nuevos colonizadores nos dejan pasar y es que este lugar se lo arrebataron hace siglos y ellos eran los antiguos propietarios.


Los lienzos del convento, aun en pie, resisten los envites de los desprendimientos de rocas fundiéndose en un paisaje desolador.


Entramos en las salas nobles de tan notable lugar allá por los siglos XII al XVII. Después vendría la desamortización de Mendizabal trayendo consigo caos, desamparo y desidia para muchos de estos edificios.


Árboles, rocas, maleza y ruinas se disputan esta península de las Hoces del Duratón, ¿apostamos quien tomara posesión?


A estos arcos de medio punto les llego el momento de su inhumación, Q.E.P.D. Otras generaciones vendrán y los rescatarán del olvido y la ignorancia de esta.


Quien mirara por estos ventanales en siglos pasados admiraría este lugar, pero no se puede retar a la naturaleza.


Sentado sobre los ventanales de este lugar te invade "Eso", que se siente, pero que no se puede explicar.


Y es que, admirando este paisaje, ¿quien no se abandona al susurro del Duratón a su paso?


La naturaleza se abre paso sin que le ofrezcan nada, hasta una roca desnuda es buena para crecer allí y ofrecernos sin nada a cambio una bella imagen.


La naturaleza y el tiempo a cada cual le pone en su lugar tarde o temprano, éste está de acuerdo ¿y vosotros?

Las imágenes pertenecen a mi comarca, en Segovia, mi zona de influencia es Cantalejo y sus alrededores en un radio de 30 km., pero más bien me dirijo al norte. ¿Quien pone nombre a estas imágenes? Si quieres, Paco Torralba, sabrás como enfocar este juego veraniego.






Paco Torralba, desde su blog Astrágalo, nos manda esta imagen de nuestra comarca "retándonos un poco". ¿Sabéis alguno a que pueblo pertenece? Yo creo que es ese que creo, pero ¡desde esas alturas! Es mala leche lo de este Paco Torralba. Seguro que si en vez de esta imagen pone la de la entrada al bar del pueblo lo sabríamos todos, en fin, si alguien lo conoce... ya sabe y si me mandáis una de románico para proponerle a él otro reto, mejor que mejor.



Cuevas de Provanco.

Por aquellos tiempos la vida discurría tranquila en el valle, que se sentía seguro a la sombra del castillo que se alzaba en la cumbre del cerro.
El rey moro que lo habitaba se había casado con una cristiana y del matrimonio nació una preciosa hija a la que pusieron el nombre de Penta.
Esta, al crecer, se convirtió en una muchacha bellísima y de todas partes acudían nobles y príncipes pidiendo su mano. El rey apremiaba a Penta para que eligiese marido entre aquellos pretendientes pero la muchacha, a quien su madre había enseñado las verdades de la religión cristiana y la historia de los ermitaños que se retiraban de la vida mundana en busca de perfección, solo aspiraba a recluirse en una cueva solitaria y rechazaba todas las proposiciones.
Enfurecido, el rey accedió finalmente a los deseos de su hija y autorizó su retiro pero prohibió que se la diera de comer, esperando que el hambre venciera su obcecación y su resistencia al matrimonio, pero allí se manifestó la bondad del Señor y durante muchos años las palomas del valle se encargaron de alimentar a Penta con los granos de trigo y frutos que transportaban con sus picos. Penta vivió santamente y el castillo del rey moro, cuando este murió quedó vacío y sus torres, vencidas por el tiempo,se vinieron abajo. De eso hace ya muchos años, pero en la cueva que hay en la ladera del monte "la Cueva de Santa Penta", y en los desmoronados muros que todavía pueden verse en lo mas alto del cerro que domina el pueblo, permanece su recuerdo.


Vistas del valle, al fondo, desparramadas las casas como si se hubieran caído del alto del cerro, Cuevas de Provanco, por este valle posiblemente llegaron desde el norte los cristianos a reconquistar estas tierras.

Sus calles empinadas, sus tejados empiezan donde otros terminan, las higueras están fáciles de recoger, el fruto de sus copas está a ras de suelo.
Ábside de su iglesia románica, curiosas sus ventanas.

Subiendo a la bodega donde un trago fresco recompondrá un poco el aliento de la subida.

Restos del castillo, apenas un lienzo, dan testimonio de esa plaza fuerte. Estas construcciones como otras muchas desaparecieron por ser canteras fáciles para nuevas obras.

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